Concesiones para robar

En México se consumen al año aproximadamente 46 mil millones de litros de gasolina (entre Magna y Premium). Dado que el precio promedio de un litro de gasolina fue de 12.7 pesos en 2014 y el margen de utilidad autorizado para los concesionarios que operan más de 10 mil estaciones de servicio es de $0.84 pesos por litro, eso equivale a utilidades anuales por de 50 mil millones de pesos o cinco millones de pesos por estación de servicio.

Es muy buen negocio disponer de una concesión para vender gasolina del monopolio estatal PEMEX, en el supuesto de que los gasolineros vendan “litros de a litro”. Pero en la mayoría de estaciones de servicio del país los concesionarios roban cotidianamente a sus clientes. Estudios de la Procuraduría Federal del Consumidor y los realizados por diversos medios de comunicación revelan que, en el cálculo más conservador los litros que se expenden son en realidad de 900 mililitros.

Es decir, robando a sus clientes los concesionarios obtienen ganancias cuando menos equivalentes a las legales, por otros 50 mil millones de pesos. El atraco es descomunal. Las ganancias sumadas de los grandes grupos criminales por cobro de “derecho de piso” en todo el país no llegan a eso.

En Tamaulipas donde la extorsión es masiva, calculamos para 2013 ganancias criminales por unos 800 millones de pesos. Por el robo de combustible PEMEX sufrió el año pasado pérdidas por alrededor de 20 mil millones de pesos, cantidad que no se tradujo en igual magnitud en ganancias para los ladrones.

Pero además no pocos concesionarios venden gasolina robada que compran a 3 o 4 pesos por litro y cadenas de estaciones de servicio sirven para el lavado de dinero de dinero de los grupos criminales. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha identificado y sancionado a algunas de ellas.

El Senado ha aprobado nueva legislación contra el robo a PEMEX y a los clientes de las gasolineras.

Eso es pura simulación, porque sin esa legislación el gobierno federal podría resolver el problema, vía retiro de concesiones a los ladrones. Pero no ha querido actuar contra ellos, como tampoco ha querido proteger a los gasolineros honestos que venden “litros de a litro” y a quienes los ladrones no cesan de agredir.