En México hay dos justicias

Los hechos ocurrieron hoy hace tres años, el 12 de diciembre de 2011. Unos 500 normalistas de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, acompañados de decenas de integrantes de otras organizaciones políticas, bloquearon la Autopista del Sol a la altura de Chilpancingo.

Poco después llegaron al lugar contingentes de la policía federal y estatal con instrucciones de desalojar a los manifestantes y abrir la carretera. Los normalistas respondieron con piedras, cohetones y bombas molotov.

En una gasolinera junto al lugar del bloqueo, "uno de los estudiantes de Ayotzinapa prendió fuego a una bomba despachadora de combustible; fue entonces cuando los federales realizaron disparos al aire" (La Jornada, 13.12.11).

Un empleado de la gasolinera, Gonzalo Rivas Cámara, vio la bomba incendiada y entendió el peligro. Si el fuego llegaba al depósito subterráneo de combustible, se produciría una enorme explosión que dejaría decenas o quizá cientos de muertos entre manifestantes, policías, automovilistas y vecinos del lugar.

Rivas supo que ponía su vida en grave riesgo, pero corrió hacia la bomba incendiada y, en medio de las llamas, cerró las válvulas y las de las cinco otras bombas de la gasolinera (El Universal, 1 enero 2012). Su ropa y su cuerpo terminaron envueltos en fuego, pero la explosión no tuvo lugar.

Rivas tenía 48 años de edad. Era originario de Veracruz, pero había residido en Chilpancingo por 20 años. Trabajaba en la gasolinera como ingeniero en sistemas de computación. Su acción heroica salvó la vida de mucha gente, pero su cuerpo quedó descarnado, con quemaduras en 37 por ciento de la superficie cutánea. Este héroe anónimo fue trasladado al hospital de Lomas Verdes del Instituto Mexicano del Seguro Social en el Estado de México. Ahí sufrió una penosa agonía de 19 días hasta fallecer en los primeros minutos del 1o. de enero de 2012.

Rivas no fue la única víctima del enfrentamiento del 12 de diciembre de 2011 en la Autopista del Sol. Dos normalistas de Ayotzinapa, Gabriel Echeverría de Jesús y Jorge Herrera Pino, murieron por disparos de bala. Estos homicidios llevaron a la destitución de Alberto López Rosas, procurador de justicia del estado el día del bloqueo.

Dos agentes ministeriales de la Procuraduría General de Justicia de Guerrero, Rey David Cortés Flores e Ismael Matadana Salinas, fueron identificados posteriormente como responsables de haber disparado y causado la muerte de los normalistas. Fueron detenidos y procesados.

Si se hizo justicia en el caso de los normalistas fallecidos, nunca se trató de hacer lo mismo con la muerte de Rivas Cámara. Se sabe, por las declaraciones de los empleados de la gasolinera, que uno de los normalistas prendió fuego a la bomba. Pero nunca trató la autoridad de encontrar al responsable o de presentar a los normalistas para que los testigos pudieran identificarlo.

Simplemente se dio por hecho que había que castigar a los responsables de la muerte de los normalistas, pero no al normalista que había prendido fuego a la bomba y causado la muerte del empleado.

Así eran y son las cosas en nuestro país. Lo hemos visto una y otra vez. Los manifestantes pueden cometer todos los delitos que quieran, sin preocuparse de posibles consecuencias legales. Pero si alguna autoridad actúa en contra de un manifestante, aunque éste le arroje piedras y cocteles molotov, pagará caro su atrevimiento.

En México hay dos justicias. Una, benigna al grado de impunidad, para los manifestantes y otra para el resto de la población. Incluso la muerte de un verdadero héroe quedará sin castigo cuando el homicidio lo comete un activista político.