La corrupción nuestra de cada día

Existe en el país un clamor, casi en forma de grito, de que se debe acabar con la corrupción, al mismo tiempo que se practica de manera generalizada y escandalosa.

Individualmente, ¿qué podemos hacer para modificar la omnipresente ilegalidad sin inmolarnos en el altar de la patria, ni hacernos haraquiri contra nuestros propios intereses?

Es utópico pedir en México no entrarle "al moche", por lo que implica de pérdida de oportunidades y ganancias.

También lo es por los daños colaterales que se causan a personas cercanas, me refiero, por ejemplo, a la familia, en casos de extorsión o chantaje.

¿Cómo va ser condenable que en un secuestro se pague el rescate?

¿Dejar pasar licitaciones, permisos o autorizaciones gubernamentales por no cubrir "una cuota"? ¿Pagar fracción del monto de multas o recargos?

¿Cuánto vale una Orden de Aprehensión que permite meter a la cárcel a alguien y chantajearlo al máximo? ¿Cuánto por ganar un terreno o abrir un Casino?

La lista de posibilidades de corrupción entre nosotros es prácticamente igual a la gama de actividades a desarrollar, por eso bien se dice en México: "La corrupción somos todos".

Sin embargo, no deja de ser una gran ironía que paralelamente a esta práctica generalizada exista un reconocimiento de que es perniciosa para el país.

Los tres problemas más grandes de México son: corrupción, corrupción y corrupción, dice el ex Presidente Zedillo.

Organismos internacionales califican al país con un índice vergonzante en este campo y sostienen que inhibe inversiones y turismo.

Curiosamente Peña Nieto, que sí propone con énfasis el Estado de Derecho, no enfrenta la corrupción con una fuerte condena, como si desconociese que es la principal causa de esta falta de Estado de Derecho; reflexiona, por el contrario, que es "casi humana".

Como ciudadanos, individualmente considerados, ¿permitimos que el país continúe navegando en el mar de la corrupción, y nosotros con él, o tratamos de parar las perniciosas y malévolas distorsiones que causa, muchas veces de manera grave, irreversible, y hasta en contra nuestra?

Esta pregunta es clave dado que no es lógico esperar que el Gobierno acabe con la corrupción, porque, a pesar de que es su responsabilidad y tiene los medios para conseguirlo, también quienes lo integran son sus beneficiarios: no es dable que el cáncer se cure solo.

¿Qué hacer si personalmente nos molesta vivir inmersos en un sistema corrupto?

Hay que formar grupo, con otros como nosotros igualmente inquietos, para trabajar en segmentos de actividad proclives a la corrupción con el fin de eliminar sus causas de origen; es reconocer que el sistema es más potente que las personas y que sólo unidos, estratégicamente, podemos impactar el cambio.

Hoy podemos resaltar una realidad de la vida política de México: la sociedad civil organizada puede motivar y convencer a la autoridad para que tome medidas trascendentales de transformación social.

Han sido asociaciones de profesionales y altruistas las que pusieron en la discusión pública el tema de la Reforma Penal de los Juicios Orales, resaltando las fallas de las leyes y la forma de corregirlas.

Sin esta participación civil no estaríamos en posibilidad ahora de eliminar un buen trancazo de tremendas injusticias causadas por la corrupción.

Las quejas y los gemidos de cafés, bares y publicaciones hay que "corporizarlos", que formen multitud de acciones estructuradas, creando, en las iglesias de la política, coros sonoros de cambio social.

La sociedad civil, si se organiza, puede rescatar de la corrupción sectores de la vida nacional; es imposible que partidos o autoridades se impongan esta tarea, pues el sistema nacional de corrupción es más fuerte que los que lo componen.

¿Se podrían imaginar la fuerza de un grupo ciudadano conformado para mostrar los dientes de la ley electoral en cada caso de gasto ilegal de campaña?

Al sistema corrupto únicamente lo pueden enfrentar individuos que organicen a la sociedad civil para efectos de modificar conductas públicas.

Dejemos de quejarnos y decidamos actuar en conjunto, con perseverancia, en vez de aceptar la reflexión presidencial de caer en la categoría de sólo "casi humanos", ¿no?