Peña Nieto está siguiendo el camino de Grecia

No tendremos un viceministro de la Felicidad como en Venezuela, pero a partir del año que viene los mexicanos gozaremos de un seguro de desempleo y de una pensión universal garantizada. Y no serán simples beneficios sociales: serán nuevos "derechos humanos" consagrados en los artículos 4, 73 y 123... para que nadie se atreva a quitarlos.

Parece motivo de festejo. ¡Qué mejor que contar con nuevos derechos! El gobierno está ahí para darnos derechos y llenarnos de felicidad. Ya los desempleados podrán agradecer al gobierno su seguro de desempleo, para el que no tendrán que pagar primas, y su pensión universal, para la que no tendrán que aportar a un fondo de reserva. Es pura ganancia. La gente recibe sin tener que aportar nada. Para eso está Papá Gobierno.

Ya Andrés Manuel López Obrador demostró lo que se puede hacer con la pensión universal. Si entregas 600 pesos mensuales a los viejitos compras no sólo su voto sino el de toda la familia. Es una ganga. Marcelo Ebrard avanzó más en ese camino con su seguro de desempleo en el Distrito Federal.

El presidente Enrique Peña Nieto no quiere quedarse atrás. El PRI perdió las elecciones presidenciales del 2000 y el 2006 y no va a permitir que eso vuelva a ocurrir.

Pero la idea populista de que puedes repartir dinero sin costo es simplemente falsa. Esto lo entendimos los mexicanos tras los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo que protagonizaron la última gran ampliación del Estado mexicano. Algo similar puede ocurrir ahora con Peña Nieto.

Los nuevos derechos constitucionales se están financiando con una fuerte alza en los impuestos y con una ampliación todavía mayor del déficit de presupuesto. El alza de impuestos está diseñada para golpear más a las personas y empresas en la economía formal y llevará al cierre de compañías y a una mayor informalización de la economía. Nada hay de qué preocuparnos, nos dicen los políticos, para eso precisamente está el nuevo seguro de desempleo: para enfrentar el desempleo.

Este seguro de desempleo, sin embargo, se crea sin los pagos de primas que caracterizan a cualquier seguro. No tiene forma de crear una reserva que permita hacer los pagos futuros. ¿De dónde vendrá pues el dinero? Del gasto corriente del gobierno y del fondo de vivienda de las Afores. Efectivamente, siguiendo el ejemplo del gobierno argentino de Cristina Fernández, que se robó los fondos de pensiones de los trabajadores para elevar su gasto público, el gobierno de Peña Nieto está usando el fondo de vivienda de los trabajadores mexicanos para financiar el nuevo seguro de desempleo.

¿Y la pensión universal? Tampoco crea un fondo de reserva. Las pensiones se pagarán directamente del gasto corriente del gobierno. Por eso hay que subir impuestos y aumentar el déficit. Dice el gobierno que el déficit es temporal, pero la población de 65 años y más está aumentando a un ritmo acelerado y lo seguirá haciendo, por lo que el costo de la pensión se elevará de manera progresiva hasta volverse insostenible. Por eso había que incluir la pensión como un derecho constitucional, para que nadie pueda quitarla.

Algunos países del mundo, es cierto, han creado sistemas de pensiones y seguros de desempleo generosos porque han alcanzado primero elevados niveles de productividad y de prosperidad. En México no. Estamos siguiendo el camino de Grecia, que adoptó esos generosos programas sin tener la productividad y la prosperidad para sostenerlos. Pero Peña Nieto conoce bien su apuesta. La bomba de tiempo no estallará en su sexenio. Le tocará a un gobierno posterior.