Quieren más de nuestro dinero ¿¡Para qué!?

En Pemex hay un plantilla laboral del doble de la necesaria, porque la productividad de un empleado de la paraestatal es de la mitad del promedio de las empresas petroleras privadas trasnacionales. Esta plantilla se expandió en los últimos años, a pesar de que la producción petrolera ha ido decayendo.

La plantilla de burocracia federal aumentó en medio millón de plazas entre 2003 y 2011 y algo similar ha ocurrido con los gobiernos locales. Y entre 2007 y 2011, el gasto en servicios personales del ámbito federal pasó de 340 mil millones de pesos a 560 mil millones de pesos, mientras que en el mismo lapso el gasto del programa Oportunidades -contra la pobreza extrema- pasó de 37 mil a 60 mil millones de pesos.

Asimismo, de las 180 mil plazas de la Secretaría de Educación Pública, la secretaría con el mayor presupuesto, la mayoría no es de maestros, sino de burócratas que no imparten clases. Pero aun así nos dicen que para financiar la reforma educativa se necesitan cuando menos otros 172 mil millones de pesos.

El Presidente Enrique Peña al justificar su propuesta de reforma fiscal, ofreció que el dinero extra que pretende obtener de los contribuyentes no irá a gasto corriente y a burocracia, sino que será de tipo “social”. Pero en el proyecto de presupuesto de egresos para 2014, se prevé aumentar en ¡250%! el gasto de la Secretaría de Gobernación, 10 veces más que el de SEDESOL.

El mayor gasto que el gobierno pretende implica afectar más los ingresos de los particulares. Por ejemplo, si la reforma se aprueba, el costo en colegiaturas de escuelas particulares sería un 16% más elevado. Muchas personas que hacen un gran esfuerzo en mandar a sus hijos a estos colegios, ya no podrán pagar. Esto es muy injusto porque esas personas hacen un doble desembolso: para educación pública que no usan – por deficiente- y para educación privada. Pero ahora ésta pretenden encarecerla.

Hay que rechazar toda pretensión de afectaciones adicionales a los ingresos de los contribuyentes para que el Estado gaste más. Si los gobernantes quieren destinar dinero a nuevos programas, que lo tomen del recorte de sus privilegios, del gasto actual, la mitad del cual –cuando menos- es puro despilfarro ¡No más impuestos!