Michoacán se convirtió en un estado fallido e ingobernable

Por enésima ocasión desde que el 22 de abril pasado fue nombrado Gobernador interino de Michoacán, Jesús Reyna García minimizó la situación de violencia que vive esa entidad y afirmó que “sí hay zonas donde ha habido crisis, pero esa crisis ya está superada”.

Por tanto, para el priista -quien entró al relevo tras la licencia concedida al Gobernador constitucional de la entidad, Fausto Vallejo Figueroa- en Michoacán ni hay ingobernabilidad ni tampoco un Estado fallido. Eso lo dicen, afirmó, los que no viven ahí y los que critican detrás de un escritorio.

Pero no sólo la violencia expuesta por los medios en las últimas semanas, y que costó decenas de muertos entre civiles y fuerzas federales, contradicen los dichos de Reyna García.

También están los reportes de organismos sociales como el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, que exigió a las autoridades de los gobiernos local y de la República establecer plazos y objetivos claros en su estrategia de apoyo a esa entidad, para que sus habitantes puedan detectar avances en la labor de erradicar grupos criminales y, en particular, la red de protección de funcionarios públicos que, a su juicio, cobija desde hace mucho tiempo a los delincuentes.

El presidente de esa organización civil, José Antonio Ortega Sánchez, afirmó que tienen documentados, día a día, los delitos que más padecen los michoacanos, como es el caso del “derecho de piso”, que no es más que la extorsión y los cobros que practican ahí bandas criminales.

El mismo Ortega Sánchez repitió los calificativos que tanto molestan a Jesús Reyna: “Michoacán se ha convertido en un estado fallido e ingobernable por la incapacidad o la complicidad de los gobiernos federal y estatal, que no han querido destruir y combatir la red de protección política de la que gozan los criminales”.

Como ejemplo, planteó, están las acciones que, con toda impunidad, cometen lo mismo Los Caballeros Templarios, La Familia Michoacana y el Cártel de Jalisco Nueva Generación, que bandas que operan en las zonas urbanas donde Morelia, la capital del estado, no es exepción.

Pero, en la víspera, Reyna García afirmó a la cadena CNN que Morelia está en paz: “Caminamos por las calles de Morelia como caminábamos ayer, antier y hace un año”, dijo para ejemplificar que en la capital todo está en orden.

El problema, aunque el Gobernador interino lo niegue en cada oportunidad, es que en Michoacán –incluso con la presencia de las fuerzas de seguridad del gobierno de la República– hacen falta planes, objetivos y estrategias concretas para rescatar no sólo la paz para los habitantes sino, además, el desarrollo de un estado que está sumido también en una crisis económica, política y social.

Por ejemplo, el reciente informe de el Consejo Nacional de Evaluación de la Política del Desarrollo Social (Coneval) planteó que en esa entidad 2 millones 447 mil personas viven en pobreza (54.4%), 3 millones 828 mil padecen al menos una carencia social (85%), 3 millones 225 carecen de seguridad social (71.6%), 1 millón 286 mil no tienen acceso a los servicios de salud, 1 millón 369 mil carecen de servicios básicos en su hogar y 650 mil michoacanos viven en pobreza extrema, es decir en la miseria.

Por si fuera poco, el Colegio de Economistas de Michoacán expuso a finales de julio que en el primer semestre del año se perdieron 6 mil 976 empleos formales, lo que situó al estado en el último lugar nacional en la generación de puestos de trabajo. Además prevé que en 2013 el crecimiento de la economía estatal será de 1.9%, una reducción respecto al 2.4% de 2012 y al 4.3% de 2011.

Aun así, Jesús Reyna insiste que sólo los que viven fuera de Michoacán perciben que es un Estado fallido, porque allá las cosas marchan… y marchan bien.