Una farsa que ya lleva 30 años

Cuando el gobierno de Miguel de la Madrid desapareció la División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD) de la policía del Distrito Federal, se prometió hacer honesta y eficaz a la fuerza policial del país.

Desde entonces en el nivel federal y en los niveles locales de gobierno, hemos presenciado una sucesión de depuraciones y reorganizaciones policiales sin que aquel propósito se haya alcanzado.

Por el contrario, desde finales de los años setenta se fue imponiendo el esquema de administración policial del crimen, que no es sino la simulación de que se combate a los delincuentes cuando en realidad se les protege.

Y podemos hablar de esquema porque no se trataba de casos individuales y aislados de corrupción, sino de corrupción sistémica que recorría toda la jerarquía de las corporaciones y que tenía como complemento indispensable el encubrimiento por parte de los mandos políticos.

De este modo al esquema de administración del hampa se vino a sumar la simulación de depuración, que ha seguido un ciclo: se inicia con una limpia, algunas detenciones y/o la reorganización de una corporación o simplemente el cambio de nombre; luego los nuevos mandos y agentes reproducen los mismos vicios de los despedidos o los marginados; después estalla algún escándalo y el ciclo se reinicia.

Un intento supuestamente serio y sistemático de depuración se desarrolló con el gobierno de Ernesto Zedillo, con el objetivo de prescindir del 15% de los policías. Otro intento se dio con el gobierno de Felipe Calderón y en su sexenio 60 mil agentes supuestamente fueron despedidos.

Pero ahora resulta que el 80% de los supuestos despedidos por no ser aptos, según las evaluaciones, continúa laborando.

En un sentido de depuración sino de reorganización, Calderón impulsó el proyecto de mando único policial, para que los gobernadores controlaran a las policías municipales. Pero ahora el gobierno de Enrique Peña sostiene que ese modelo fue impuesto a gobernadores y alcaldes.

En suma, hasta el momento todos los intentos de depuración y reorganización de la policía han sido simulación más que nada y no hay razón para suponer que eso cambiará con el nuevo gobierno y por tanto continuará la inseguridad.