CDHDF: Un “ombudsman” totalitario

La Comisión de Derechos Humanos de la capital del país acaba de difundir el “Informe Especial sobre el Derecho a la Movilidad en el Distrito Federal 2011-2012”, en el cual se queja de que las autoridades capitalinas supuestamente “privilegian el uso del automóvil particular”.

Y prueba de ello sería “el proyecto de la obra pública denominada Sistema Vial de Puentes, Túneles y Distribuidores al Sur-Poniente de la ciudad de México, conocida como Supervía Poniente; la construcción de segundos pisos en el anillo periférico o la cancelación del impuesto de la tenencia vehicular, mecanismo que permitía desincentivar la posesión de automóviles particulares”.

Es decir, el que las autoridades capitalinas hayan realizado obras para que el tráfico vehicular y por ende la ciudad no colapsaran, constituye una violación a los derechos humanos, que debe corregirse ¿Cómo? En el mismo documento se demanda: “reducción de la demanda del automóvil privado, a través de impuestos por uso o tenencia” y “reducir al máximo (sic) las inversiones en infraestructura vial nueva si no está relacionada con proyectos de transporte masivo o movilidad no motorizada”.

Para decirlo claro: la institución que tiene la misión de defender los derechos de los individuos, le exige al Estado que los viole, que coaccione a los capitalinos para que ya no compren o dejen de utilizar los vehículos automotores a gasolina que poseen.

Lo que esto termina de confirmar es que la CDHDF bajo la presidencia de Emilio Álvarez Icaza y particularmente de Luis Armando González Placencia ha torcido su propósito esencial, para servir como instrumento al servicio de una agenda totalitaria. Peor aún que el anterior, el actual “ombudsman” pretende imponer su visión de cómo, según él, debería funcionar el mundo: que el Estado utilice su violencia para modelar hasta los más nimios detalles de la vida de los individuos.

La excusa de que los automóviles contaminan es eso. La calidad del aire de la ciudad de México es mejor que hace 20 años, aunque hay el doble de vehículos.

Lo que contamina y daña al DF es la agenda totalitaria de su “ombudsman”. Hay que combatirla y derrotarla, para dejar a salvo los derechos de los capitalinos, hoy por ella amenazados.