¡No más impuestos!

En 2013 los contribuyentes de México enfrentarán la decisión de la clase política de aumentar la carga fiscal y por ende de reducir los ingresos de quienes producimos la riqueza.

De hecho el alza impositiva ya ha comenzado, mediante el aumento de impuestos locales en algunas entidades federativas y municipios y otros cobros que no son sino impuestos disfrazados. De esa manera los gobernantes locales empiezan a pasar la factura por su orgía de gastos y deudas públicas locales de los últimos años.

Pero un golpe más fuerte está por venir. Colaboradores de Enrique Peña (su Secretario de Hacienda, Luis Videgaray y otros), preparan el proyecto de reforma fiscal, que considera -entre otras cosas- un IVA sin excepciones y una tasa que pasaría del 16% hasta el 22%, además del alza a los precios de la gasolina y la electricidad. El impacto sería especialmente duro para los habitantes de localidades fronterizas, quienes por ahora tienen una tasa de IVA del 11%.

Pero el aumento de la carga fiscal no parará ahí. Lo que la clase política mexicana pretende es implantar aquí un esquema de “Estado de bienestar” como el que prevalece en Europa, el mismo que se desmorona en un callejón sin salida. Pero para financiar un esquema así pues se precisa una carga fiscal brutal. En México la carga equivale actualmente a 24% del PIB, pero en Francia es de poco más del doble (y en Suecia, en los ochenta, rebasó el 60%).

Los políticos dicen que si el Estado nos quita la mayoría de nuestros ingresos se reducirá la pobreza y todos viviremos mejor, como en los países desarrollados. Pero eso es una falacia. Hay países desarrollados (Hong Kong, Taiwán, Singapur, Corea del Sur) con elevados niveles de bienestar, pero una carga fiscal de menos de la mitad del promedio de la europea.

Esos países están comparativamente mejor que los europeos porque se sitúan más lejos del esquema del “Estado de bienestar” y su principio inmoral, el de que cada quien trata de prosperar a costa de subsidios que el Estado le arranca a los demás, pretensión que – obvio- termina por ser imposible de financiar.

En 2013 los contribuyentes debemos resistir el nuevo ataque contra nuestros ingresos y movilizarnos bajo la consigna: ¡No más impuestos!