La narcoguerra brilla por su ausencia en la pugna presidencial

A medida que se acerca la elección presidencial de México, un gran problema ha dejado de provocar controversia o incluso de llamar la atención: qué hacer sobre la guerra contra el narcotráfico que se ha cobrado más de 55.000 vidas en los últimos seis años.

Ninguno de los tres candidatos ha propuesto una política particularmente diferente a la estrategia del presidente Felipe Calderón. El actual mandatario decidió combatir a los narcotraficantes en su propio terreno y para ello envió 45.000 tropas del ejército para tratar de apaciguar a las organizaciones criminales, una medida que los expertos dicen que ha dejado a su sucesor con la única opción de continuar.

Esa estrategia, alguna vez un punto divisorio en la política mexicana, se ha convertido en el elefante en la casa.

"Lo sorprendente es tener una situación de seguridad tan deteriorada por un lado y por otro lado un tan bajo nivel de interés mostrado por los candidatos", dijo Eduardo Guerrero, especialista en materia de seguridad.

La Constitución mexicana le impide a Calderón ser reelegido. Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), mantiene una ventaja de dos dígitos frente a sus dos principales rivales, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, quien perdió por estrecho margen en las elecciones de 2006, y Josefina Vázquez Mota, del Partido Acción Nacional (PAN), al que pertenece Calderón.

Hasta ahora, la campaña ha estado dominada por las acusaciones de que las cadenas de televisión más grandes de México están a favor de Peña Nieto.

La guerra contra el narcotráfico no ha conseguido convertirse en un tema central porque los tres principales candidatos han ofrecido planes similares al modelo seguido por Calderón.

Los principales aspirantes a la presidencia dicen que mantendrían a los soldados en la lucha mientras intentan desarrollar cuerpos policiales honestos y eficientes. Todos quieren seguir trabajando con Estados Unidos, que proporciona cientos de millones de dólares anuales de ayuda para combatir a los carteles de la droga. Y tanto Peña Nieto como Vázquez hablan de modernizar el sistema judicial de México, también un objetivo sin concretar del gobierno de Calderón.

"Creo que la victoria de Calderón es que su estrategia se mantiene intacta; lo que se oyó en la campaña electoral eran todos objetivos de su presidencia", opina Alejandro Hope, experto en seguridad y ex funcionario del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, la agencia de inteligencia del gobierno.

Una conclusión es que los aspirantes a la presidencia realmente no saben cómo resolver el problema.

"Yo sigo viendo la misma estrategia, con algunos cambios. Ya no saben bien cómo hacer algo diferente", señala José Antonio Crespo, otro especialista. "Quien llegue a la presidencia se va a ver superado por el problema", añade.

Durante su campaña política, Calderón apenas mencionó el lanzamiento de un ataque frontal contra los capos de la droga, a pesar de la creciente violencia. Sin embargo, después de ganar una estrecha elección, decretó importantes despliegues de tropas en su estado natal de Michoacán. Seis años después, se trata de la decisión que ha definido su gobierno.

"Al igual que cualquier otro presidente, las decisiones de Calderón se tomaron sobre la marcha y lo mismo ocurrirá con el próximo presidente", señala Hope.

La mayor diferencia entre los candidatos y Calderón parece ser de enfoque, y retórico. Durante años, el gobierno de Calderón ha pregonado los arrestos de los capos del narcotráfico como evidencia de que el ataque de su gobierno los debilitará al punto de no representar más una amenaza para el pueblo mexicano.

Pero tanto Peña Nieto como Vázquez han dicho que cambiarían su prioridad para reducir la violencia, dando a entender que darían menos prioridad a la incautación de drogas y a la captura de los líderes de los cárteles.

López Obrador dice, por su parte, que la reducción de la pobreza es la clave para acabar con la narcoviolencia.

Para los votantes, un cambio de enfoque suena atractivo. Las grandes incautaciones de drogas llevan a las bandas delictivas a buscar otras fuentes de ingresos, como el secuestro y la extorsión, para reemplazar sus pérdidas. Y, a menudo, el arresto de los capos fomenta la violencia entre los carteles, ya que da lugar a una lucha de poder.

Algunas autoridades estadounidenses dicen que entienden la necesidad de México de hacer una prioridad de la reducción de la violencia, siempre y cuando siga intentando debilitar a los carteles.

Sin embargo, ninguno de los candidatos ha ofrecido un plan detallado. "No hay una estrategia a corto plazo para lidiar con el problema de la violencia. La inseguridad debe estar en el centro de la agenda nacional, pero me parece que los candidatos están evitando el tema", dice Guerrero.