¿Atenco? ¡Claro que no se olvida!

Para descalificar al candidato priista Enrique Peña Nieto y para apoyar al aspirante de izquierda Andrés Manuel López Obrador , los participantes en la mascarada de lo que después se conocería como "#YoSoy132", gritaron en la Universidad Iberoamericana que "Atenco no se olvida" y lo han seguido gritando después.

Con esa consigna se pretende establecer un símil entre la masacre perpetrada por agentes gubernamentales contra participantes en una manifestación pacífica el 2 de octubre de 1968 y la represión ejercida por policías federales y locales contra humildes ejidatarios que se manifestaban pacíficamente en San Salvador Atenco, Estado de México, los días 3 y 4 de mayo de 2006.

Pero no hay tal similitud. En Atenco no hubo represión de pacíficos manifestantes, sino un enfrentamiento durante dos días entre un grupo con una larga trayectoria de violencia y la policía. Al final ésta se impuso y fueron detenidos 208 de quienes agredieron a la fuerza pública.

Es sabido que durante el traslado de los detenidos policías locales cometieron graves abusos. Pero no se ha podido probar hasta ahora que esas violaciones a derechos humanos hayan sido ordenadas o autorizadas por el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña. Entonces, ¿cual es el sentido de culparle de esos abusos?

Lo que sus enemigos de izquierda realmente le reprochan a Peña es el haber ordenado la represión legal de quienes una y otra vez habían roto el orden mediante el bloqueo de vías de comunicación, el secuestro de vehículos, la destrucción de propiedad, la privación ilegal de la libertad y otros actos de violencia contra servidores públicos y particulares.

Y es que la imagen de los enfrentamientos en Atenco y en Oaxaca, de los cientos de agresiones del SME contra empleados de la CFE o del linchamiento -consentido por AMLO como jefe de gobierno del DF- de tres policías federales en la delegación Tláhuac en 2004, es la imagen de lo que México sería si la izquierda llegara al poder, con López Obrador o con otro caudillo. México viviría un caos permanente como el que vive Bolivia.

Por eso no hay que olvidar Atenco y muy por el contrario hay que tener muy claro que al final las opciones son esa violencia glorificada o restaurar el orden en el país.