La disyuntiva no es PRI o no-PRI, sino libertad u opresión

En las elecciones de 1970 en Chile, el candidato presidencial socialista, Salvador Allende obtuvo 36.29% de los votos, el aspirante del Partido Nacional obtuvo 35.9% y el del Partido Demócrata Cristiano, el 27.8%.

De acuerdo a la Constitución chilena en el caso de que ninguno de los candidatos obtuviera la mayoría absoluta (50% más uno de los votos), correspondía al congreso escoger al nuevo presidente entre los dos candidatos de más alta votación. Si dos terceras partes de los chilenos rechazaban el proyecto izquierdista de hacer de Chile una Cuba, lo lógico es que la mayoría del congreso optara por el candidato del Partido Nacional, Jorge Alessandri. Pero los diputados del Partido Demócrata Cristiano, que pese a ser la tercera fuerza electoral eran el fiel de la balanza, optaron por Allende y lamentarían por años su garrafal error.

Tres años después los militares debieron intervenir para restaurar el estado de derecho que Allende habría destruido, en su afán de instaurar el socialismo. La intervención de los militares no fue incruenta y aunque su resultado final es que hoy Chile está a punto de convertirse en el primer país desarrollado de América Latina, esa nación estuvo a punto de ser destruida.

Entre el Chile de 1970 y el México de 2012 hay obvias diferencias, pero inquietantes similitudes. Nuestro país podría caer en la trampa de tener un gobierno que la mayoría de mexicanos no desea, un gobierno como el de Venezuela, que termine siendo como el de Cuba.

La izquierda y su candidato Andrés Manuel López Obrador saben que no pueden obtener más allá del 30% de los votos y que con eso no pueden vencer al candidato del PRI, Enrique Peña (quien tiene más del 40% de las intenciones de voto). Por eso los izquierdistas les piden a los simpatizantes del PAN su "voto útil", que no voten por Josefina Vázquez, sino por López, porque esa es la única manera de impedir el regreso del PRI al poder.

Pero la izquierda engaña nuevamente: la verdadera disyuntiva no es entre el PRI y el no-PRI, sino entre el regreso de una opción política con los defectos conocidos o que el país caiga en el abismo con un gobierno izquierdista. Está en manos de los panistas impedir lo segundo, con sólo apoyar a su candidata hasta el fin.