Patrioterismo e hipocresía sin límites

El año que concluye será uno en el que la retórica patriotera de los políticos mexicanos tocó fondo.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos de Norteamérica realizó el operativo encubierto “Rápido y furioso” con el fin de obtener información precisa sobre los proveedores de armas, los grupos criminales mexicanos que las compran y la mecánica del tráfico. El operativo dio resultados (aseguramientos, detenciones), aunque se perdió el rastro de una parte de las armas monitoreadas.

Esto dio pie a un escándalo tendiente a alimentar el más reciente mito de la clase política mexicana: que la violencia que golpea al país no es producto de la acción de los grupos criminales y de la incompetencia, negligencia y corrupción de los propios gobernantes, sino de un maquiavélico complot de nuestro vecino país del norte. Incluso el presidente Felipe Calderón fue tan ligero como para insinuar públicamente que la violencia había sido creada por los fabricantes de armas con la anuencia del gobierno estadounidense.

El escándalo de los políticos masiosares escaló con acusaciones sobre la participación de la DEA en operaciones encubiertas de lavado de dinero y la fantasiosa versión de que el gobierno estadounidense protege al cártel de Sinaloa.

Las objeciones contra los operativos encubiertos son propias de la estulticia y la mala fe. La verdad es que la única manera de obtener información de inteligencia indispensable para someter a grupos criminales herméticos y bien organizados, es la acción de agentes encubiertos (que necesariamente deben cometer delitos) y/o informantes que distan de ser ciudadanos ejemplares. Y estas operaciones -como cualquier acción- humana no son infalibles. Esto lo saben los gobernantes mexicanos porque ellos mismos autorizan operativos similares aunque con resultados menores a los estadounidenses.

Satanizar operativos que son para ayudar a México, sólo sirve a los criminales y busca ocultar la incompetencia de los gobernantes mexicanos. Y en tal sentido para el caso es aplicable la frase de Samuel Jonhson: “El patriotismo es el último refugio de los canallas”.