Albazos, chicanas y usurpación de funciones

En 2007 Marcelo Ebrard perpetró un fraude político. Mediante un albazo hizo que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal despenalizara el aborto.

Ebrard engañó a los electores, pues durante su campaña electoral jamás expresó su intención de tal reforma, por una simple razón: habría perdido las elecciones, pues en el DF como el resto del país la inmensa mayoría de los mexicanos está a favor del derecho a la vida.

Cuando las reformas para legalizar el aborto en el Distrito Federal fueron impugnadas, la mayoría de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación desestimaron las impugnaciones, aduciendo que el derecho a la vida no era reconocido por normas superiores, esto es, la Constitución general del país y las constituciones de los estados.

Entonces se dieron una serie de reformas a las constituciones de 17 entidades federativas para garantizar el derecho a la vida desde la concepción, reformas que fueron resultado de un acuerdo entre las principales fuerzas políticas del país, el cual expresó cabalmente el consenso nacional en el tema. Los gobiernos de izquierda en ninguna otra entidad federativa intentaron siquiera seguir los pasos de Ebrard, pues no estaban dispuestos a pagar el costo electoral de ello.

Ahora, ante la dura derrota sufrida, ministros de la Suprema Corte pretenden burlar la voluntad mayoritaria del pueblo de México y mediante burdos sofismas y chicanas anular las reformas constitucionales y lo que es peor, usurpando las funciones que corresponden a los poderes legislativos. El argumento de que las constituciones de los estados no pueden reconocer derechos fundamentales porque ello supuestamente causaría un desorden legislativo y la conculcación de garantías, es ridículo. Si no es para reconocer derechos fundamentales ¿entonces para que son las constituciones?

Además la historia demuestra que no se produce el “desorden” con que nos quieren asustar. No hubo desorden hasta que Ebrard y los ministros de la Corte decidieron ir contra la voluntad mayoría de los mexicanos. El desorden empezó cuando unos y otros para llegar a los puestos que ocupan, decidieron ocultar sus agendas ideológicas a sus respectivos electores, para luego sorprenderlos.