Calderón: ¿a la Corte Penal Internacional?

Durante el mitin en el Zócalo del 8 de mayo, miles gritaron “¡Muera Calderón!”. Y si a ellos se hubiera preguntado si estarían de acuerdo en que el Presidente de la República sea juzgado , condenado y encarcelado por “genocidio”, la mayoría de ellos habría respondido que sí.

No sé si Felipe Calderón ha considerado en su visión como ex presidente que podría enfrentar una acusación formal como responsable de los miles de muertos del crimen organizado en su mandato e incluso que muchos quisieran llevarlo ante la Corte Penal Internacional. Pero si no lo es así, más le valdría que lo fuera pensando.

Los que lo acusan de haber llegado al poder mediante un “fraude electoral” y de ser un “usurpador y quienes promueven la campaña “basta de sangre” y lo culpan de 40 mil asesinatos, realmente lo odian y han hecho de cultivar el rencor una profesión. Y aunque hay muchos otros que sólo se le oponen políticamente, la tentación de lincharlo a él y a su partido es irresistible.

No por el temor ante un eventual futuro de persecución, el presidente Calderón debería considerar revisar su estrategia frente a la violencia del crimen organizado. Uno esperaría que el incentivo para hacerlo fuera la convicción. Pero esperar lo segundo quizás sea demasiado ingenuo.

Pero por el móvil que sea, el Presidente debe comprender que algo anda mal con una estrategia cuyo propósito explícito es reducir la violencia, pero cuyo resultado objetivo es cada vez más violencia. Debe comprender que algo debe hacerse para que la violencia disminuya claramente ¡ya! Y por supuesto que no se trata de rendirse ante los delincuentes, sino de que su combate sea eficaz y sin las mal llamadas “bajas colaterales”, la muerte de inocentes a manos de agentes del orden.

Un primer paso es hacer a un lado a quienes han diseñado y operado una estrategia fallida. Y el propósito de ello no sería simular una revisión de la estrategia para apaciguar críticas, sino obrar en estricta justicia: remover a los principales que han fallado, mandaría un claro mensaje a los que los suplan y a todo aquel subordinado que tampoco ha hecho bien las cosas.