¿7 millones de Ninis? ¡7 millones de patrañas!

En agosto de 2010, el rector de la UNAM, José Narro, aseguró que en México había 7.5 millones de “Ninis” , esto es, de jóvenes que ni estudian ni trabajan, sin que aportara los estudios y las evidencias en que se sustentaba su dicho.

En respuesta el Inegi señaló que los “Ninis” no eran arriba de 285 mil y con la cifra estuvo de acuerdo el secretario de Educación, Alonso Lujambio. Pero ahora su subsecretario de Educación Superior, Rodolfo Tuirán, desmiente a su jefe y mediante el documento “Los Jóvenes Mexicanos. Situación Actual y Desafíos Futuros” insiste en que hay 7.1 millones de Ninis ¿Quién miente? ¿Lujambio o su subsecretario?

El citado documento no tiene el menor empacho en referir como “Ninis”, a jóvenes que no lo son. Por ejemplo presenta como “Ninis” a 3.4 millones no tienen interés de trabajar por atender otras obligaciones, como por ejemplo, mujeres que deciden ser amas de casa y que (por el momento) no buscan empleo ¡Cuanta deshonestidad intelectual al presentar como parte de una categoría a individuos que no forman parte de ella!

¿Cuáles son los datos duros?, ¿cuántos “Ninis” hay en realidad? Primero ¿cuántos jóvenes están desempleados? Según la Encuesta Nacional de Empleo (único medio hasta ahora probado para medir el desempleo) en 2010 hubo casi 2.6 millones de personas que buscaban empleo y no pudieron conseguirlo, de los cuales 1.3 millones tenían entre 16 y 29 años de edad.

Suponiendo que todos ellos además de que no estaban trabajando tampoco estaban estudiando, entonces 1.3 millones sería el número máximo de “Ninis” ¡cinco veces menos que la cifra que nos cuentan! Pero la cifra real de “Ninis” debe ser inferior, mucho más cercana a la que sostiene el Inegi, de modo que hablar de 7 millones de “Ninis” es falsear la realidad en un 96% ¡nada más!

¿Para que falsear la cifra de “Ninis” e inventar una legión millonaria de supuestos reclutas potenciales de la delincuencia? Pues para justificar más gasto público y más impuestos, así como para inventar excusas del incumplimiento de la obligación de los gobernantes de garantizar seguridad pública, para eso.