¿Qué espera el gobierno? ¿Qué el país entero sea paralizado?

El gobierno federal en apariencia endureció su postura ante la CNTE al condicionar la continuidad del “diálogo” (en realidad negociación de la ley) a que se reanudarán clases en Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Guerrero al iniciar el ciclo escolar.

Es de destacar que el gobierno no condicionara el “diálogo” a que cesen hechos más graves que la no asistencia de los “maestros” de la CNTE a las aulas, como el bloqueo de carreteras, el robo y destrucción de vehículos, el saqueo e incendio de comercios, la consiguiente destrucción de miles de negocios y empleos o… los asesinatos, como el de aquel padre de familia que en un poblado de la Mixteca se atrevió a exigir la reapertura de las escuelas y en respuesta fue asesinado a balazos por un simpatizante de la CNTE.

Los criminales de la CNTE le reviraron al gobierno: no regresaran a las aulas hasta que el gobierno reinicie el diálogo; el día en que el diálogo se reinicie ese día se reiniciarán las “clases”.

El gobierno va a ceder por enésima vez, reanudará el “diálogo” ¿Fin del conflicto? Para nada.

Los del CNTE harán lo que han hecho por 30 años: simular que dan clases y ahora además mantendrán todo el caos.

Pero esto no será así por tiempo indefinido, pues los de la CNTE saben que la estrategia del gobierno (si acaso tiene alguna) es la del desgaste. Pero da la casualidad que después de más de tres meses los de la CNTE no lucen para nada desgastados, mientras que el gobierno sí y encima con nuevos frentes de conflicto, en primer lugar con los empresarios que le reclaman su inacción, su omisión en aplicar la ley.

El “diálogo” no conducirá a nada: los de la CNTE demandarán la derogación de la reforma educativa y el gobierno dirá que no es posible, sólo que la suavizará al máximo, para que quede muy light.

Los de la CNTE saben que deben subir la apuesta y ya han amagado con hacerlo. Amenazaron con tomar la refinería de PEMEX en Salinas Cruz o cuando menos bloquearla, para así provocar una crisis todavía mayor en gran parte del sureste del país.

De hecho eso los de la CNTE ya lo hicieron en junio. El 18 de ese mes la Policía Federal debió realizar un desbloqueo de la refinería y recuperar las pipas robadas, cargadas de sustancias altamente peligrosas. El desastre estuvo cerca, pero se pospuso un día, para estallar en Nochixtlán.

La CNTE no necesita tomar la refinería para escalar el caos, le basta con bloquearla. Y operativos de desbloqueo podrían terminar como en Nochixtlán. Los líderes de la CNTE y militantes del EPR saben que se perderán más vidas, pero les tienen sin cuidado las vidas de sus compinches y sobre todo las de los policías. Ellos calculan que con unas muertes más van a lograr la derogación de la reforma y el completo retorno de todos sus privilegios.

Y si no hacen esto en la refinería de Salinas Cruz lo harán en muchos otros puntos de Oaxaca y del país.

A menos que esté dispuesto a la claudicación más completa, el gobierno al final tendrá que aplicar la ley, aunque claro, mientras más demore en hacerlo mayor costó pagará y lo que es peor, mayores serán los sufrimientos para los inocentes que los criminales de la CNTE han tomado como rehenes.

Para decidirse a aplicar la ley el Presidente Enrique Peña enfrenta dos tipos de problemas, quienes en su gobierno apuestan que el resultado de todo este conflicto sea la aniquilación de toda aspiración política del actual Secretario de Educación y la corriente que por fuera del gobierno que se opone al uso de la fuerza y cuyos exponentes no son los abiertamente de izquierda.

Por un lado están aquellas voces que hablan de que el gobierno no está en condiciones de aplicar la ley porque supuestamente “carece de legitimidad”, al estar el presidente en las encuestas de popularidad por debajo de los 30 puntos porcentuales, Entre quienes sostienen semejante sandez figura Guillermo Valdés, quien fuera jefe del CISEN durante el gobierno de Felipe Calderón.

Pues a este señor habría que recordarle que su ex jefe cuando tomó posesión de su cargo y lo nombró al frente del servicio de inteligencia, era bastante menos popular que el Presidente Peña. Calderón ganó la elección presidencial con poco más del 35% de los votos, apenas tres décimas de punto por encima de Andrés Manuel López Obrador, quien lo acusó de fraude. Si se considera el número de los votantes empadronados, sólo el 21% de ellos le dio su voto a Calderón.

Pero esto no le impidió a Calderón, durante el primer mes de su gobierno, aplicar la ley con toda decisión para sofocar la rebelión en Oaxaca de la CNTE y de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca e incluso encarcelar a los líderes de la segunda.

El otro obstáculo, ya comentado, es el que representa Luis Raúl González Pérez, el presidente de la CNDH, quien le exigió al Presidente Peña no aplicar la ley a la CNTE y está empeñado en contribuir a que el actual jefe de la nación algún día sea enjuiciado por la Corte Penal Internacional.

No hay nada que el Presidente Peña pueda hacer, mientras González Pérez siga al frente de la CNDH, para que éste cambie su postura. No importa lo que haga el gobierno federal, Luis Raúl González Pérez seguirá firme en su lucha contra las instituciones y en favor de los criminales.

González Pérez ya incurrió en un error garrafal, desde el punto de vista legal al exigirle al gobierno que no aplique la ley a la CNTE mientras deja correr los crímenes de ésta. Si sale a reprochar al gobierno por aplicar la ley, peor para él, más fácil será promover el juicio político que lleve a su destitución.

De modo que todo es cosa que el gobierno se decida, pero eso es como encontrarle la cuadratura al círculo…