Mexicanizados

¿Qué es lo que les duele a los políticos mexicanos: que el País viva una violencia de terror o que algunas voces de peso internacional lo señalen?

El Presidente Peña está más preocupado por la forma que por el fondo; le incomoda, le molesta lo que algunos líderes mundiales están viendo y que lo hagan público. Recordemos las opiniones más recientes:

-"Ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización de Argentina". "Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror". Papa Francisco.

-"Que haya en México el Gobierno que nos merecemos". Alejandro González Iñárritu.

-"Tengo una demanda en el corrupto sistema judicial mexicano que gané y que, hasta ahora, no he podido cobrar. ¡No hagan negocios con México!". Donald Trump.

-"El Presidente (Enrique Peña Nieto) no entiende, que no entiende", The Economist.

Los mexicanos no tenemos voluntad política para resolver la crisis de violencia que sufrimos ni la crisis del sistema judicial que hace que no tengamos seguridad jurídica, y no vamos a conseguir esa voluntad política si el Presidente no escucha y acepta la triste realidad.

Las elecciones del 7 de junio son lo único que les importa a nuestros políticos y a sus partidos, cómo mantener el poder, y los gobernados... que se jodan.

¿Cómo mejorar nuestro entorno? ¿Cómo empezamos a construir la paz? Lo primero es aceptar que la solución vendrá de la sociedad civil organizada y no de la clase política ni de los partidos. Debemos aceptar la realidad como es, aunque nos duela; aceptar que nuestras instituciones están debilitadas por corrupción, impunidad y falta de liderazgo. Teniendo un diagnóstico profundo y preciso de los problemas podemos buscar soluciones, acciones, compromisos y mecanismos que puedan cambiar a nuestro País.

Debemos buscar que las asociaciones funcionen, trabajen, se concienticen, se depuren, se reagrupen, tengan vida pública, participen en redes sociales, denuncien y manifiesten sus inquietudes, problemas y propuestas.

A las víctimas de la violencia hay que rescatarlas, encontrarlas, arroparlas, escucharlas; muchas de ellas están muertas en vida, hay que hablar de su proyecto de vida, de lo que soñaron, de lo que hicieron, hay que hablar de su dolor, su sufrimiento, su impotencia. Hay que ayudarlos para que busquen la verdad y la justicia, para que encuentren la paz.

Entre los grupos de víctimas vamos a encontrar líderes dispuestos a luchar por esclarecer sus asuntos y por los problemas de su comunidad; ellos no van a tener miedo, porque ya perdieron a un hermano, esposa o hijo. Estos líderes van a resistir la presión de las autoridades y la cooptación.

Hay que elaborar una agenda ciudadana con las cosas importantes para nosotros, con metas y objetivos claros y medibles; imponerla a los políticos y hacer que se comprometan.

Llegó el momento de participar, de manifestar lo que sí queremos. Ya hay otros que lo están haciendo, pero con una agenda diferente, son grupos que siembran la violencia, encapuchados que destruyen, roban, secuestran y luego presionan para obtener impunidad. Sus objetivos son la ingobernabilidad, la anarquía, la destrucción, la violencia y la impunidad.

Todos queremos un cambio. Pero los violentos tienen una estrategia de insurrección, con la consigna que no haya elecciones para que no haya autoridades, y en el caos, imponerse; en la anarquía, someter. Y los no violentos estamos dormidos, tenemos miedo, estamos cansados o nadamos de muertito.

El México del mañana se está construyendo hoy y tú decides cómo hacerlo. ¡Mañana no lloremos lo que no hagamos hoy!