Fue la izquierda pero ¿quién más?

La campaña para culpar al gobierno del Presidente Enrique Peña por los crímenes en Iguala, podía ser no sólo una espesa cortina de humo para ocultar la responsabilidad en quienes realmente la tienen (políticos de izquierda), sino también para ocultar el papel de otros actores.

Pocas dudas caben acerca de que José Luis Abarca participó en la decisión de atentar contra los alumnos de la normal Ayotzinapa, que resultó en el asesinato de 6 personas y la desaparición (pero con seguridad también ejecución) de 43 más.

Pero la pregunta es ¿él solo tomó la decisión? o mejor aún: ¿sólo la tomaron él y los jefes de Guerreros Unidos con quienes el alcalde de Iguala estaba asociado?

Una posibilidad es que Abarca no supiera cuál iba ser el número de las víctimas mortales y por ende el enorme impacto que el crimen tendría, porque de haberlo sabido –aunque se trate de un homicida sicópata- quizá el temor lo habría frenado.

Es probable que fueran otros, más allá de Abarca y los jefes de Guerreros Unidos, quienes hayan decidido una masacre de grandes proporciones y consecuencias políticas. Pero en tal caso ¿quiénes fueron esos otros?

Las pistas podrían estar en algo que en estos últimos 90 días no puede pasarse por alto: mientras crecía la campaña para desviar la culpa por las atrocidades de Iguala hacia el gobierno del Presidente Peña, surgió la campaña para acusar al mismo de corrupción por la llamada “casa blanca”.

Pregunta obligada es: ¿los autores del escándalo de la “casa blanca” sólo aprovecharon la oportunidad de los hechos de Iguala y su secuela política para causar el mayor daño posible o, además, tuvieron que ver con la decisión misma de la masacre?

Para responder a estas interrogantes a manera de mera exploración, hay que retomar la revelación que hizo Salvador García Soto en su colaboración del 9 de diciembre en el periódico El Universal: el verdadero operador de la campaña en torno a la “casa blanca” y responsable de que tuviera el máximo impacto internacional fue Marcelo Ebrard.

¿Él también tiene algo que ver con los sucesos en Iguala? O para preguntarlo con más propiedad: ¿él carece de los escrúpulos para mancharse las manos de sangre y posee los móviles y los contactos para una cosa así?