Ruiz Esparza: contra la seguridad y la salud

Por decisión de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, a partir del 15 de mayo de 2014 cambió la ruta de aproximación al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), de la radial 160 a la 168.

En consecuencia cientos de miles de habitantes del poniente de la ciudad de pronto se vieron afectados por un aumento inusitado de ruido, debido al paso de más de mil aviones por día. El secretario Gerardo Ruiz Esparza trató de justificar la decisión alegando supuestas consideraciones de seguridad aeronáutica, a pesar de que la vieja ruta funcionó bien durante más de 40 años.

Pero las justificaciones son falacias. Antes incluso de aplicarse la medida, pilotos y controladores aéreos expresaron su oposición al cambio y han venido sosteniendo que éste, lejos de mejorar la seguridad, aumenta los riesgos de percance, pues incumple normas internacionales.

Los afectados con la medida, que no son sólo los vecinos de Las Lomas sino de más de 50 colonias (en su mayoría populares), han tratado de desentrañar las verdaderas razones de la arbitraria medida. Y al parecer el propósito fue aumentar el número de slots del AICM para favorecer a la línea Interjet.

Es decir, para agrandar los bolsillos de los amigos oligarcas Ruiz Esparza no duda en atentar contra la salud de cientos de miles de personas y en relajar la seguridad aeronáutica en la capital del país poniendo en riesgo a pasajeros, tripulaciones y residentes.

Ante los reclamos de los afectados la SCT anunció que a partir del 26 de junio el ruido de las aeronaves se reduciría en un 50%, pero el nivel es el mismo, de entre 70 y 90 decibeles, muy por encima de la norma de un máximo de 55.

Los afectados no se han resignado ante el abuso de poder y han promovido juicios de amparo y presentando quejas ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos, recursos que tienen el debido sustento legal y técnico.

En justicia la CNDH debería recomendar el retorno a la anterior ruta (la radial 160) y los jueces deberían pronunciarse en igual sentido.

Lo que está en juego no es poca cosa: o prevalecerá el interés público (los derechos a la vida, la salud y la seguridad jurídica) o lo hará el poder arbitrario que favorece a los oligarcas a cualquier precio.