Si Felipe Calderón inició en Michoacán lo que falsamente se denominó “guerra al narcotráfico”, no fue por casualidad. Además de que ya en 2006 el problema era grave, el ex presidente era oriundo del estado e incluso en su momento se postuló para gobernarlo (como luego haría su hermana María Luisa en 2011).

Tras de que envío un contingente militar a Michoacán en diciembre de 2006, Calderón no se desentendió del asunto. Se mantuvo informado y para mediados de 2008 sabía que los efectos de la primera medida, que redujeron la violencia, se habían extinguido. Luego vino el atentado en Morelia del 15 de septiembre, el cual puede definirse, sin la menor reserva, como narco-terrorista.

En 2009 Calderón ordenó lo que se conoce como el “michoacanazo” y enviar una fuerza considerable de efectivos de la Policía Federal a Michoacán para ir tras de La Familia. Ésta respondió con el asesinato de 14 agentes, por órdenes de uno de sus principales jefes: Julio César Godoy (hermano del gobernador Leonel Godoy), ya para entonces diputado federal electo del PRD.

Pero al final, Calderón no pudo ni evitar que –dicho en sus propios términos- los grupos criminales decidieran la elección de gobernador de 2011, ni que estos (La Familia y su escisión Los Templarios) consolidaran su dominio sobre Michoacán, en donde ellos son el poder real, no las instituciones del Estado.

¿Por qué fracasó Calderón, si en apariencia Michoacán le importaba? Porque antepuso sus cálculos políticos a sus obligaciones constitucionales, porque –sabedor de la ligazón entre grupos criminales y políticos- se negó a ejecutar la orden de aprehensión contra Julio César Godoy y a actuar contra Leonel.

Para Calderón fue más importante no hacer nada que pudiera impedir la eventual alianza electoral del PAN con la izquierda en 2012. Además confió la contención de los grupos criminales a Genaro García Luna, que fue como poner la iglesia en manos de Lutero.

Hoy Michoacán está peor que nunca. Enrique Peña no puede fallar como Calderón. O aplica toda la fuerza del Estado para la completa erradicación de los grupos criminales que expolian a la población y de sus padrinos políticos, o pronto Michoacán terminará por caer en la condición de Estado fallido.

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