Grupos de izquierda le están apostando a la violencia electoral, generan miedo

Andrés Manuel López Obrador vuelve a chantajear: o me dan la Presidencia de la República o incendiaré al país. Es una amenaza.

  • La consigna "si hay imposición habrá revolución" es un llamado a la violencia.
  • Las acciones de provocación durante las campañas electorales son actos de intolerancia y ensayos de futuras agresiones.
  • La coacción contra Televisa es un atentado contra la libertad de expresión que todos los medios deberían condenar. El receptor siempre puede elegir.
  • Hay una clara intromisión de actores internacionales como demuestra la participación de la activista radical, chilena Camila Vallejo en un mitin en México este viernes.
  • Violencia política sumada a la violencia del crimen organizado, provocaría un escenario de inestabilidad en el país.
  • Se requiere frente amplio de condena a la violencia y de apoyo a las instituciones y a la fuerza pública para mantener el orden y la Paz.

El país enfrenta la amenaza de violencia con motivo de las elecciones del 1 de julio en virtud del rechazo del Andrés Manuel López Obrador y sus partidarios a la casi segura derrota electoral.

Los resultados de una elección democrática como lo será la del primer domingo de julio y lo han sido los comicios en al menos los últimos 15 años, no deberían presentar el riesgo de la violencia, pero lo representan en virtud de que dicho aspirante:

  1. Aunque hoy hable de "serenar al país", tiene una larga trayectoria de violencia política.
  2. Hace creer a sus seguidores que él ganará la elección, pese a que las encuestas revelan lo contrario.
  3. Reitera su discurso de que, a menos de que se le proclame ganador, habrá "fraude electoral".
  4. Grupos de seguidores suyos proclaman abiertamente que o gana López Obrador o "habrá revolución".
  5. La coalición electoral que apoya a López Obrador y el propio López Obrador, no desalientan sino que aplauden los llamados a la violencia. Realmente no tienen capacidad real para generar un conflicto a nivel nacional, pero sí están lanzando una amenaza de violencia, como demostramos enseguida, la pregunta es ¿Quién se puede beneficiar con la actitud de AMLO?

La trayectoria de violencia de López Obrador es bien conocida. En 1996 bloqueó durante 18 días el acceso a los pozos petroleros en Tabasco. Durante su mandato como jefe de gobierno del Distrito Federal justificó los linchamientos y en 2004 ordenó a la policía local no rescatar a tres policías federales capturados por una turba, quienes terminaron linchados. En 2006 bloqueó durante varias semanas el Paseo de la Reforma y una amplia zona del centro de la ciudad de México. En abril de 2008 sus incondicionales clausuraron el Congreso de la Unión.

López Obrador, al igual que en 2006, juega con fuego al hacer creer a sus seguidores que tiene ganada la elección según "sus" encuestas las cuales nunca revela. Hace 6 años dijo que iba 10 puntos arriba de Felipe Calderón y ahora dice que va tres puntos por encima de Enrique Peña Nieto. Con estas mentiras lo que López Obrador busca es provocar un sentimiento de exasperación e ira en sus partidarios, cuando los resultados electorales no correspondan con las invenciones.

Pero como López Obrador sabe que va perder habla ya de "fraude electoral". Aunque dice que sí aceptara los resultados que dé a conocer la autoridad electoral, añade que sólo si "no hay fraude", es decir sólo si él gana...

En el presente proceso electoral López Obrador ha introducido variantes. Ahora grupos de sus partidarios que aparentan no tener relación orgánica con los partidos que lo postulan, por un lado han recurrido a actos de provocación durante las campañas electorales y por otro amenazan abiertamente con la violencia.

En contra de las normas y prácticas de respeto y tolerancia que deben primar en un país libre y democrático, estos grupos acuden a actos de campaña de los candidatos que no son López Obrador para intentar sabotearlos y para provocar violencia.

Todo mundo tiene derecho a expresar sus opiniones, pero lo que es intolerante y fascista es hacer mal uso del derecho propio de expresión para impedir que el otro haga uso del suyo.

Es inamisible como lo han hecho los que se reclaman anti-Peña y pro-López intentar colarse disfrazados a mítines a los que no fueron invitados, para sabotear actos de campaña, como ocurrió en Córdoba, Veracruz. Es inadmisible que una turba intente ingresar por la fuerza, incluso brincando bardas de un estadio, como sucedió en Querétaro.

Si priistas o panistas hubieran hecho algo parecido en actos de campaña de López Obrador, en este momento habría turbas izquierdistas incendiando las oficinas del PRI y del PAN en el país...

Es igualmente condenable que quienes se dicen anti-Peña se conviertan en censores de los medios de comunicación y los coaccionen para que sigan las líneas de conducta que esos intolerantes pretenden dictar, como ha sucedido con los plantones frente a instalaciones de Televisa. Este es un acto de intolerancia y una amenaza a la libertad de expresión que todos los medios deberían condenar.

Pero esto no han sido sino ensayos. Durante las marchas celebradas el 19 de mayo contra el candidato presidencial del PRI, Enrique Peña, la consigna más coreada y que desde entonces se ha venido usando por estos grupos es la de "si hay imposición habrá revolución". Esta consigna es una amenaza, significa "o se entrega el poder a López Obrador o se desatará la violencia".

Estas expresiones no son ajenas a la voluntad de López Obrador y demás dirigentes de la Alianza Progresista, como dan cuenta diversas expresiones de apoyo, incluyendo spots como parte de la campaña electoral.

Pero si todo esto ya de suyo resulta alarmante, debe considerarse además la intromisión de fuerzas políticas extranjeras interesadas en instigar el conflicto político y la violencia en México.

Como es sabido el 15 de junio se celebrará un mitin en la unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana con la participación de la activista chilena Camila Vallejo, acto con el cual se pretende dar una mayor proyección internacional al conflicto post-electoral que la izquierda está orquestando.

Camila Vallejo es figura clave del movimiento estudiantil creado artificialmente en Chile el año pasado, con el fin de desestabilizar al gobierno de Sebastián Piñera, conforme a los designios de Hugo Chávez y de Fidel Castro. Los líderes de este movimiento instigaron agresiones contra la policía para que ésta diera una respuesta excesiva, hubiera represión e incluso muertos, el problema se hiciera mayor y cayera el gobierno.

Vallejo es dirigente del Partido Comunista de Chile, alineado con los gobiernos de Cuba y Venezuela y vinculado con las terroristas Fuerzas Revolucionarias Armadas de Colombia (FARC). Ella es una clara partidaria de la violencia. En enero de 2012 declaró: "El pueblo tiene derecho a combatir en masa la violencia estructural que existe en la sociedad. Y nosotros nunca hemos descartado la posibilidad de la vía armada, siempre y cuando estén las condiciones". Eso es lo mismo que sostiene López Obrador...

Asimismo en marzo del presente año, Vallejo penetró por la fuerza y se mantuvo por una hora dentro de la sede del partido Unión Demócrata Independiente, principal integrante de la coalición gobernante de Chile.

Vallejo viene a México a entrometerse en los asuntos políticos que sólo a los mexicanos nos conciernen y por lo mismo no debería permitírsele la entrada, en apego estricto al artículo 33 de la Constitución. Si ella quiere incendiar un país, que intente en el suyo, a ver si allá se lo permiten...

Si la violencia política llega a prender en México, el efecto podría ser muy grave; de por sí el país ya parece una ola de violencia del crimen organizado y hemos de enfrentar un entorno internacional muy difícil, ante una inminente nueva recesión económica mundial.

Los actos de intolerancia y provocación y las amenazas y eventuales actos de violencia deben merecer el rechazo del más amplio abanico de fuerzas políticas y de la sociedad civil. Asimismo, en caso de presentarse actos de violencia la autoridad no debe dudar en aplicar la fuerza pública, como la ley la obliga, so pena de alentar más violencia.

Quienes en esta ocasión están acompañando en su aventura a López Obrador, deben reflexionar si desean continuar en ella hasta el final.

Asimismo, los candidatos deberían actuar con más congruencia respecto a sus principios y estar más alertas ante los riesgos de violencia política. Por ejemplo, los candidatos presidenciales Josefina Vázquez Mota y Gabriel Quadri han aceptado participar en el "debate" convocado para el 19 de junio por el grupo "#YoSoy132". Si estos candidatos acuden sin antes demandar a este grupo claro rechazo a la consigna de "si hay imposición habrá revolución" y a las acciones de provocación contra actos de campaña, como los que estos mismos aspirantes han sufrido, entonces Vázquez Mota y Quadri estarían convalidando la intolerancia y el lenguaje de la violencia.