Ciudad de México, 14 marzo de 2019

COMUNICADO CONSEJO CIUDADANO PARA LA SEGURIDAD PÚBLICA
Y LA JUSTICIA PENAL

Tijuana, Irapuato, Acapulco y Juárez están entre las 10 ciudades más violentas del mundo; negarlo no altera esa realidad.

Los gobiernos de los municipios de Tijuana, Irapuato y Juárez, así como el del Estado de Guerrero respecto a Acapulco, han manifestado su rechazo a los resultados de nuestro estudio “Ranking de las 50 ciudades más violentas del mundo 2018”. En los casos de Juárez y Acapulco, el presidente municipal y el gobernador de Guerrero, respectivamente, han negado las posiciones que a esas ciudades nuestro estudio asigna bajo el “argumento”, que nada argumenta, de ‘no porque no’. Nada se puede responder a ese ejercicio de pura negación de la realidad.

En los casos de Tijuana e Irapuato los respectivos gobiernos municipales han negado mediante el intento de desacreditar, sin éxito, la metodología que guía nuestro estudio. Ya respondimos al gobierno de Tijuana, ahora lo hacemos al de Irapuato.

Mediante un comunicado el gobierno de Irapuato objeta en primer lugar que dejemos fuera a ciudades de menos de 300 mil habitantes y alega que ello implica un “sesgo”.

La objeción está fuera de lugar, nuestro estudio periódico desde hace 10 años fijó los parámetros de las urbes a considerar y entre ellos está el de, precisamente, que tuvieran más de 300 mil habitantes, por las razones que en la misma metodología exponemos.

Hay otros estudios que consideran ciudades de 100 mil o más habitantes y unos más que no fijan un límite de habitantes, sino que las urbes tengan la calidad de capitales de los países. Elegir una magnitud de un universo de estudio en ciencias sociales es tal válido como elegir cualquier otra. No hay “sesgo” para inducir un determinado resultado.

Hace 10 años no podíamos predecir que los gobernantes del municipio de Irapuato, del estado de Guanajuato o los del país, iban a ser tan negligentes, ineptos y omisos en sus obligaciones como para permitir que la violencia llegara en Irapuato a los niveles a que ha llegado.

Si el gobierno de Irapuato quiere un estudio de todas las ciudades del mundo sin fijar un límite del número de sus habitantes ¡pues que lo haga!, pero no pretenda exigir a nuestro estudio algo que no ofrece y que no es.

La segunda objeción reza: “En la metodología del ‘análisis’ solo [sic] se incluyen 11 países por lo que las posiciones relacionadas no refieren la realidad en ‘todo el mundo’.“

La objeción está por completo fuera de lugar y demuestra que el gobierno de Irapuato simplemente no ha leído el documento de metodología. Si ciudades de sólo 11 países se incluyen no es porque no hayamos estudiado los datos de las ciudades de los países restantes, sino porque en solamente esos 11 países hubo ciudades con una tasa superior a 36.87 homicidios por cada 100 mil habitantes, que es la corresponde a la ciudad que ocupa la posición 50 del ranking, pues es el ranking de las 50 ciudades más violentas del mundo es de…50, no de más.

Es ridículo exigir que no se incluyan ciudades con 300 mil habitantes o más de Asia, Europa, la mayor parte de África y Oceanía cuyas tasas son inferiores a los 10 homicidios por cada 100 mil habitantes o a muchas de América que están por debajo de la tasa de 36.87 homicidios por cada 100 mil habitantes.

La tercera objeción dice: “La cantidad de homicidios que se presentan para Irapuato no corresponde a las cifras oficiales establecidas por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). En el 2018 se registraron 374 y la cifra que establece este estudio hace una ‘estimación’ de 473, como se señala en el documento.“

En efecto no retomamos la cifra del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública porque no se refiere a homicidios (esto es a víctimas de homicidio, según el estándar universalmente aceptado) sino a carpetas de investigación por homicidio. La prueba de que las cifras oficiales del SESNSP no se refieren a homicidios es que siempre son más bajas que las que publica el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) que SÍ cuenta homicidios y no carpetas de investigación de homicidios.

Por ejemplo en 2017, según el SESNSP hubo 71 “homicidios” (en realidad carpetas de investigación) en Irapuato, mientras que el INEGI registró 174, esos sí homicidios, esto es, un 145% más. De ahí la necesidad de estimar, en tanto se conocen las cifras del INEGI. Pero nuestras estimaciones son siempre conservadoras y se quedan por debajo de las cifras que el INEGI en su momento reporta.

Si para estimar los homicidios en Irapuato en 2018 hubiéramos estimado con base a la diferencia de 145% en 2017, ya referida, entonces no habría habido 374 homicidios, ni los 473 que estimamos, sino 916, con lo cual Irapuato habría sido no la sexta, sino la ciudad más violenta del mundo, con una tasa de 157.81 homicidios por cada 100 mil habitantes.

Optamos por una estimación más conservadora, según la regla establecida en nuestra metodología: recalcular con base en el porcentaje de diferencia entre el número de carpetas de investigación de homicidio y víctimas de homicidio, que en el estado de Guanajuato hubo en 2018 y que fue del 25.89% (no hay ese dato por municipio, salvo en los casos de los municipios de Baja California).

Cuando el INEGI dé a conocer sus datos sobre 2018, con toda seguridad nuestra estimación estará por debajo de la cifra del Instituto.
Si debemos estimar cifras de homicidio en el caso de México no es por error nuestro, sino por grave falla del SESNSP, el cual sí cuenta víctimas de homicidio en el nivel de desagregación estatal, pero no lo hace en el nivel municipal.

La cuarta objeción “tampoco se establece claramente cuántos municipios o ciudades del mundo se analizaron, ni cómo se obtuvo el número de homicidios en cada una de ellas”, pues ratifica que el gobierno de Irapuato no leyó nuestra metodología. Pero cabe reiterar: estudiamos los datos de TODAS las ciudades del mundo de 300 mil o más habitantes.

Y la quinta objeción pues se contradice con la anterior: “5.- La información con la que se elaboró el estudio fue obtenida solamente de internet y no hay certeza de que las cifras de todos los municipios de los países contemplados sean verídicas o que los reportes sean exactos.“

A ver señores del gobierno de Irapuato, pónganse de acuerdo: O “Tampoco se establece claramente cuántos municipios o ciudades del mundo se analizaron, ni cómo se obtuvo el número de homicidios en cada una de ellas” o “La información con la que se elaboró el estudio fue obtenida solamente de internet y no hay certeza de que las cifras de todos los municipios de los países contemplados sean verídicas o que los reportes sean exactos”, porque las dos afirmaciones no pueden ser ciertas a la vez: o no se sabe de dónde sacamos las cifras o sí se sabe que fueron de Internet y eso no les gusta.

Respecto a la objeción en sí de utilizar cifras OFICIALES de sitios OFICIALES de gobiernos que se pueden consultar en línea en Internet, les informamos: desde hace décadas existe en el mundo una cosa que se llama “ERA DIGITAL” y desde hace por los menos 20 años existe otra cosa que se llama “GOBIERNO ELECTRÓNICO. Es más, les informamos que ustedes utilizan la misma fuente de información: la cifra del SESNSP la obtuvieron de Internet…no enviaron a un investigador a la sede del SESNSP a que leyera las respectivas bases de datos impresas en papel…

Las objeciones del gobierno municipal de Irapuato como las del gobierno municipal de Tijuana no son de metodología. Vamos, estos gobernantes no son parte de “Los Guardianes del Santo Sepulcro de la Metodología”. Simplemente los datos no le gustan, la realidad no les gusta y sobre todo, no les gusta que su incompetencia, negligencia e incapacidad sea exhibida. Su respuesta es patética.

Más les valdría aprender de los gobernantes de otras latitudes. Durante los años noventa no hacíamos este ranking pero sin duda Medellín fue en todo el decenio la ciudad más violenta del mundo. Todavía fue de las urbes más violentas del mundo en este siglo hasta que, en 2015, Medellín bajó tanto su incidencia de homicidios que ya no figuró en nuestro ranking. Los gobernantes colombianos en lugar de que querer matar al mensajero o estrangular a quien exclama “¡el emperador va desnudo!”, se pusieron a trabajar. De hecho el alcalde de Medellín Aníbal Gaviria Correa (2012-2015) se fijó como meta sacar a su ciudad de nuestro ranking…y lo consiguió.

Los gobernantes de Honduras procedieron de igual manera. En lugar de querer desacreditar nuestro estudio se pusieron a cumplir con su deber. Entre 2011 y 2014, la hondureña San Pedro Sula fue la ciudad más violenta en forma consecutiva y hoy se encuentra por debajo de la media tabla del ranking.

De ellos debieran aprender los gobernantes de Irapuato y todo México.


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