Respuesta a la crítica del alcalde de Palmira al Ranking de las 50 Ciudades más Violentas del Mundo (2015)

Señor Jairo Ortega Samboní
Alcalde Municipal de Palmira

Rechaza usted la inclusión de Palmira entre las 50 ciudades más violentas del mundo en nuestro estudio correspondiente a 2015 por la supuesta “deficiente metodología” que utilizamos. Pero su descalificación es completamente errónea.

Antes de entrar a sus críticas puntuales llama la atención que usted se muestre tan afectado por la inclusión de Palmira en el ranking por tercer año consecutivo cuando que en 2015 usted ni siquiera gobernaba el municipio, pues recién lo empezó a hacer al iniciar el presente año ¿Se cura usted en salud porque no será fácil abatir el desastre que le heredó su predecesor a quien los homicidios se le dispararon en un 55% en su último año de mandato?

Su primera crítica sobre el método es que no es correcto, según dice usted, comparar la información que tienen fuentes oficiales con la que tiene por fuentes a la prensa pues ésta -usted asegura- “tiene grandes índices de sub registros obedeciendo a que en algunos países existe vulneración a la libertad de prensa y en otros casos se privilegia el protagonismo y la excentricidad de la noticia o lo que es conocido como amarillismo”. Y sobre la prensa en otro párrafo de su comunicación va todavía más lejos en la descalificación de la misma cuando sostiene que las noticias periodísticas “solo (sic) apuntan a crear sensacionalismo alrededor de la noticia criminal”.

En primer término referirse en estos términos a la información generada por los periodistas es una verdadera difamación. La prensa publica los datos que las mismas autoridades públicas informan o que los reporteros pueden constatar directamente. Ni mienten ni exageran.

El periodista gracias al cual obtuvimos la cifra más aproximada a la realidad de los homicidios en la ciudad brasileña de Macapá en 2015, no mintió, no inventó cifras cuando semana por semana y mes por mes puso en su blog los nombres de cada una de las víctimas de homicidio que le refirió el servicio médico forense.

Por supuesto tampoco mintieron ni hicieron amarillismo los reporteros de los periódicos del estado brasileño de Sergipe que informaron cada uno de los 365 días del año –con nombre y apellidos- sobre las víctimas de homicidio en la ciudad de Aracaju según les informó el respectivo servicio médico forense. Esas notas las compilamos y comparamos para evitar duplicidades y gracias a ellas pudimos tener una cifra muy aproximada a la realidad y que es consistente con cifras oficiales de años anteriores.

Es pura difamación decir que la prensa de Venezuela hace amarillismo porque se pone a contar -de manera casi heroica- las víctimas de homicidio, a falta de cifras oficiales.

¿Qué pensaran los reporteros de Palmira cuando el alcalde los tiene a todos ellos por “amarillistas”?, ¿para qué se dirige él a ellos si todo lo tergiversan?

No se puede reprochar que la prensa intente hacer con sus escasos recursos la labor elemental de generar estadística criminal que corresponde a los gobernantes, muchos de los cuales incumplen con esta obligación de transparencia y rendición de cuentas.

En segundo lugar no entendemos como espera usted que al descalificar la información periodística por adolecer de un sub registro de homicidios ello pueda mejorar el posicionamiento de Palmira en el ranking. Si del listado sacáramos a Caracas, Maturín y Valencia porque los datos de homicidios no son cifras oficiales del régimen mendaz de Venezuela sino conteos de la prensa en base a informes de los servicios médicos forenses y presentan un supuesto sub registro, en lugar de que Palmira hubiera ocupado la octava posición en el ranking de 2015 hubiera ocupado la quinta…

En tercer lugar está completamente fuera de lugar el reproche a recurramos a fuentes alternativas de la información porque las cifras oficiales o son inexistentes o probadamente indignas de confianza. Si nos basáramos exclusivamente en cifras oficiales entonces se nos reprocharía todavía más que supuestamente el ranking no es de todas las ciudades del mundo de más de 300 mil habitantes.

Si usted quiere reprochar algo, hágalo a los gobernantes que no informan o falsean datos, no a nosotros que ninguna culpa tenemos en ello.

Y por cierto señor alcalde, ya que hablamos de falta de transparencia, hemos pedido información sobre estadística criminal al gobierno de Palmira y este ni siquiera se dignó en responder.

Si hiciéramos caso a los absurdos reproches por no utilizar sólo datos oficiales entonces dejaríamos fuera las urbes de algunos de los países más golpeados por la violencia homicida.

Los estudios se hacen con la información disponible, no con la ideal e inexistente.

En el mismo sentido de este asunto y aunque referido ilógicamente en otra parte de su comunicación usted hace la siguiente cita de nuestro estudio (página 41 del documento de metodología) fuera de contexto y que por lo mismo es una falsedad: “en la mayoría de los casos las cifras oficiales o no existen o no son confiables, por lo cual tuvimos que recurrir a fuentes alternativas de información (la prensa) y una serie de deducciones”.

Omitir que ese comentario se refiere exclusivamente a Venezuela y dar a entender que nos referimos a todos los países o a la gran mayoría de ellos es una falta de honestidad intelectual de su parte o de quienes redactaron su comunicación.

Su segunda crítica consiste en que nuestro estudio no es, supuestamente, mundial pues “se excluyen Ciudades de África, Asia y Europa”.

No sabemos de dónde saca usted que excluimos ciudades de África, Asia y Europa. Por supuesto que la consideramos y si no figuran en el ranking es porque ninguna de ellas (salvo cuatro de África) tuvo una tasa de homicidios superior a la de la ciudad que ocupó la posición 50.

¿Debíamos haber incluido a Jarkarta que tuvo una tasa 1.1 por cada 100 mil habitantes, a Nueva Delhi con una de 2.9 o a Amsterdam con una de 3 con tal de dejar fuera a Palmira con una de 70.88?

Una tercera acusación es que nuestro estudio supuestamente “carece de un proceso ordenado de operaciones sistemáticas en la obtención de un cálculo confiable que demuestre los resultados por ustedes expresados”.

Ante una crítica tan genérica lo único que corresponde es pedirle que lea el documento de metodología, porque al parecer no lo leyó o si lo hizo la realidad que el estudio revela no le gusta.

Igualmente no merece mayor esfuerzo responder a la crítica falaz de que el estudio “carece de un indicador estandarizado de homicidio a nivel mundial” ¿Los de la Organización Mundial de la Salud, la Oficina Contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas y de Interpol le parecen poco? Bien. Quédese con el del Banco Interamericano de Desarrollo; nosotros seguiremos con los que utilizamos.

Usted termina su comunicación con la petición de que o hacemos el estudio como usted quiere o que no incluyamos a Palmira. Le respondo: no hacemos estudios a modo; seguiremos incluyendo a Palmira hasta que tu tasa sea inferior a la de la ciudad de la posición 50.

Usted comienza su comunicación con la acusación de que la inclusión de Palmira en el ranking le ha causado un “daño inconmensurable a nuestro municipio”.

No señor alcalde, quienes hacen un “daño inconmensurable” son los criminales, en primer término y, en segundo, los gobernantes que han permitido los elevados niveles de violencia, con lo cual han incumplido la tarea para la cual los contrataron los ciudadanos.

Hay dos posiciones frente al ranking. Está por un lado, la posición sana y constructiva que tuvo el alcalde de Medellín Aníbal Gaviria Correa, quien enero de 2015 declaró:

“Nos entrega la información que la ciudad ha bajado ya al puesto 49, 50 primeros ciudades que estamos a punto de salir de ese ranking doloroso que inclusive que Medellín encabezó por 14 o 15 años. Hemos bajado y así lo reconoce la ONG en últimos 4 años como ninguna otra, debido a que esa disminución significa pasar del puesto 10 al 49”.

En lugar de tratar de desacreditar nuestro estudio Aníbal Gaviria se propuso sacar a su ciudad del ranking y en 2015 lo logró…para bien de sus gobernados.

Por otro lado está la postura de su predecesor en el cargo, que intentó como ahora usted desacreditar nuestro estudio –sin éxito- en lugar de concentrar sus esfuerzos en abatir la violencia.

¿Por cuál de estas posturas usted se terminará de inclinar?