Los milagros ocurren o los inventan los políticos

En México, los gobernantes mienten con estadísticas. No sólo hacen uso tramposo de las cifras, sino que se atreven a falsificarlas, sobre todo cuando se trata de los datos sobre incidencia criminal.

El propósito es aparentar que la inseguridad es inferior a la real. Uno de los casos más escandalosos de falsificación se dio en el Estado de México.

Cuando el actual presidente de la república, Enrique Peña Nieto, era gobernador se reportaron en promedio 2,800 homicidios intencionales, pero en 2007 ocurre un milagro y caen a 1,127 homicidios.

Alguien en el gobierno de Peña Nieto quiso presentarlo como un gobernante capaz de disminuir la violencia sin igual. Era evidente que las cifras fueron falsificadas. El engaño fue descubierto al cruzar las cifras con Inegi, 80% más altas.

En Veracruz se da algo similar en términos de secuestro, pero los peores casos de falsificción de cifras se dan en Tamaulipas, donde se manipulan todo tipo de datos con tal de minimizar la realidad escalofriante que se vive en el estado.

Los funcionarios del gobierno federal estallan cada vez que se critican sus datos estadísticos y sus supuestos éxitos contra la inseguridad. Si la gente no les cree, es porque han mentido durante mucho tiempo.

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