Si se confirma la muerte de Heriberto Lazcano, 'El Lazca', caído en un enfrentamiento con elementos de la Marina, se trataría del mayor golpe propinado contra el crimen organizado en este sexenio que fenece.

La importancia de este golpe no puede soslayarse. Los principales capos son responsables de más de 60 mil muertes desde 2007 y de un sinfín de atrocidades, muchas de ellas inefables. Pero el peor de todos ha sido Lazcano y entre todos los grupos no existe ninguno más malvado que el de Los Zetas.

La organización que Lazcano ayudó a fundar y que encabezó en los últimos años, es el ejemplo más claro de como los narcos comprendieron que su verdadero negocio no era el tráfico de drogas sino la violencia. Una vez que los jefes Zetas y otros capos comprendieron esto, también se dieron cuenta de que su actividad criminal podía diversificarse casi sin límites, hasta apoderarse de todas las rentas de origen ilícito y lícito que les fuera posible.

Por tanto, Lazcano y sus secuaces además de extenderse geográficamente se fueron apoderando en muchas regiones de giros criminales, como el hurto de combustible, el robo de vehículos, el asalto al transporte de carga, la “piratería”, la extorsión a escala masiva, el tráfico y trata de personas y el secuestro, incluyendo el plagio masivo de migrantes, que de hecho Los Zetas inventaron.

Pero este fenómeno sería incomprensible si olvidara que el Estado mexicano, y en particular los gobiernos, lo permitieron. No pocos gobernantes fueron omisos, encubridores o cómplices. No es una casualidad que Lazcano haya caído en Coahuila, estado al que consideraba hasta hace poco su santuario, razón por la cual ahí se concentró –precisamente- su persecución en los últimos meses.

Y es justamente en este contexto en donde se enmarca el condenable asesinato de José Eduardo Moreira, hijo del ex gobernador Humberto Moreira y sobrino del actual gobernador Rubén Moreira.

Sin restar importancia a la caída de Lazcano y de otros golpes a su organización, ésta no está acabada ni mucho menos. La aniquilación de éste y demás grupos criminales será resultado de un esfuerzo arduo, pero imposible si no se aniquilan igualmente a quienes los hicieron tan formidables: sus protectores políticos.

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