1. San Valentín

El 14 de febrero de 1929 en la ciudad de Chicago, cinco hampones pertenecientes a la banda del traficante de licor Bugs Moran y dos individuos más - aparentemente inocentes- , fueron asesinados por sicarios del máximo capo del tráfico de alcohol, Al Capone.

El hecho, conocido como la Masacre del Día de San Valentín, dio origen a un clamor en ascenso en contra de la prohibición del alcohol impuesta en Estados Unidos a partir de 1920. En 1933, 4 años después de la masacre la prohibición se levantaba.

En 1919 se enmendó la Constitución estadounidense como el acto final a la prohibición en uno estado tras de otro de la Unión. Se coronaron así los esfuerzos de una serie de agrupaciones puritanas, entre los cuales destacaba la Woman’s Christian Temperance Union (Unión de Mujeres Cristianas por la Templanza), la cual por cierto no admitía en sus filas a mujeres católicas, judías ni negras. Entre quienes secundaban la prohibición figuraba el ... Ku-Klux-Klan.

Básicamente la misma clase política que en 1919 había incluso enmendado la Constitución para prohibir el alcohol, debió dar un giro de 180 grados 14 años después ¿Por qué?

Porque la prohibición no lograba su objetivo explícito que era impedir que las personas consumieran alcohol y en cambio se habían producido muchos otros males: el surgimiento del crimen organizado, un aumento de la violencia, crecimiento de la corrupción y el cinismo y el frecuente envenenamiento de personas que consumían alcohol producido y comercializado en la clandestinidad y sin el menor control de sanidad.

Una ironía histórica es que el naciente movimiento de Alcohólicos Anónimos que podría esperarse apoyara la prohibición, no la respaldara, al creer como lo sigue haciendo, que la solución al alcoholismo no es externa, que está en lo más profundo del espíritu de los individuos. No menos irónico fue que Eliot Ness, quien combatió a Capone y el tráfico del alcohol, varios años después del levantamiento de la prohibición no encontrara como saciar el hambre de su espíritu y muriera como consecuencia de su arraigado alcoholismo.

Si la prohibición no resolvió el problema de las adicciones, el levantamiento de la prohibición tampoco lo hizo por sí mismo. Lo que el fin de la prohibición sí hizo fue detener la violencia que se desbordaba, la corrupción y las muertes por envenenamiento de los consumidores de alcohol.

El combate al infierno de la adicción a la más popular de las drogas – el alcohol - no correspondió a casi ningún programa gubernamental, sino a los esfuerzos desde la sociedad civil, destacadamente el de Alcohólicos Anónimos.

Pero solamente una droga – el alcohol – fue despenalizada. Muchas otras quedaron penalizadas, como minas enterradas tras de una guerra, que nadie se toma el trabajo en remover.

 

2. Casi San Valentín

No fue exactamente en el Día de San Valentín, sino 24 horas después. Tampoco hubo una masacre, pues al parecer los masacradores se autodestruyeron por error. El objetivo de los sicarios no eran sus pares, sino - según la versión oficial – altas autoridades policiales. Tampoco ocurrió en Chicago, sino en el Distrito Federal.

Pero aquí estamos, otra vez, ante la violencia imparable y en ascenso. Ya no se trata de los largos tiroteos que se observan en televisión en Tijuana, Nuevo Laredo o Acapulco. Ya no son las tremendas escenas del uso de artillería para someter a un grupo de sicarios atrincherados o del asalto de tanquetas del ejército contra otro reducto de terroristas a sueldo. Las bombas ya están estallando aquí, en la casa de la clase política.

Y si ha estallado una bomba ¿que puede impedir que estallen 10, 100 o 1,000?

La espiral del narco-terrorismo no es una hipótesis, es un hecho histórico. En Colombia la pandilla de Pablo Escobar comenzó matando, además de muchos rivales, a candidatos a la presidencia y procuradores. Después derribó un avión de pasajeros y voló las instalaciones completas de la central de policía y un diario. Cuando a inicios de los noventa el capo finalmente fue muerto, había dejado tras de sí una de miles de cadáveres.

Y las cosas no pararon ahí. Los terroristas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia descubrieron el gran negocio de la protección del tráfico de drogas. Y tomaron control. Y aún no lo sueltan. Mientras los cadáveres se siguen acumulando.

No hay que ir tan lejos. En 1990 los Arellano Félix hicieron estallar dos carros-bomba en Culiacán contra sendas casas de sus enemigos. En 1994, en Guadalajara, hicieron estallar otro carro-bomba, todavía más potente, en un hotel, durante una boda. En 1996 intentaron volar la presa Abelardo L. Rodríguez. Dos años después estaban en tratos con las FARC para comprarle droga y venderle misiles para derribar jets.

La violencia cobra toda clase de víctimas. Caen muchos narcotraficantes y sicarios, pero también muchas personas completamente ajenas al narcotráfico. Caen policías y otros servidores públicos. No todos son héroes de la guerra contra las drogas, pero no todos están entregados a la corrupción ni mucho menos.

 

3. Una discusión ineludible

Masacres del Día de San Valentín no han faltado en Colombia, ni en México, ni en Estados Unidos. ¿Cuantas más habrá?

Y justo es preguntarse también, después de casi un siglo de “guerra a las drogas”:

-       ¿Se va ganando esta guerra?

-       ¿Por qué aumentando las acciones que no han funcionado se cree que los resultados van a ser diferentes?

-       ¿Que precio más se va a pagar para ganarla?

-       ¿Después de ganarla cuanto va a durar el triunfo?

-       ¿Por qué no prohibimos de una vez también el alcohol?

-       ¿No hay otras alternativas para enfrentar las adicciones?

-       ¿Por que no intentar otro camino?

-       ¿Por que no despenalizar las drogas y enfrentar el problema de las adiciones como un asunto de salud y no de seguridad pública?

Las preguntas no son retóricas. Se puede estar a favor o en contra de mantener o no la “guerra a las drogas”. En todo caso hay que exponer argumentos, razones. No conjuros.

Redes Sociales

Otros Temas

Lo más leído