La no tan nueva enfermedad de lo “políticamente correcto”, que domina a nuestra clase política y a muchos comunicadores, tiene entre sus temas predilectos el de culpar a otros de nuestros males.

Parte de lo “políticamente correcto” es culpar a Estados Unidos de los problemas de narcotráfico que México padece. Específicamente las acusaciones son que ese país:

-       Tiene un consumo enorme y creciente de drogas.

-       No hace ningún esfuerzo por reducir el consumo y la demanda.

-       No captura a los grandes capos del narcotráfico en su territorio.

-       Provee las armas que los narcos usan para ejercer una gran violencia dentro de México.

-       Es el exportador de los precursores de las drogas que luego terminan consumiendo los propios gringos.

En contraste México ha cumplido su parte a costa de muchos policías muertos por enfrentar a los narcos.

El problema con todas estas acusaciones es que no se sustentan en hechos.

El mito del consumo creciente

Se afirma que nuestro vecino es el culpable de nuestros problemas porque su consumo de drogas es enorme y creciente, lo cual provoca que México sea un país de tránsito y producción.

Lo del consumo enorme es cierto, si se compara a Estados Unidos con el resto de mundo. Se trata de uno de los países con la mayor prevalencia (porcentaje de habitantes que consumen en forma habitual), aunque muchas naciones europeas y asiáticas no se quedan atrás. [En Estados Unidos la prevalencia anual de consumo de opiáceos es 0.6% mientras que en Irán es de 2.8%, en Afganistán de de 1.4%, en Rusia de 2.0%, en Reino Unido de 0.9% y en Italia de 0.8%, según el “Reporte mundial 2006 sobre drogas” de la Oficina para las Drogas y el Crimen de Naciones Unidas].

Lo que definitivamente no se corresponde con la realidad es que exista una tendencia de consumo al alza en los Estados Unidos y que, por ende, a ello puedan atribuirse los problemas crecientes de México con relación al narcotráfico.

En los últimos 25 años Estados Unidos sufrió una transformación muy importante en la demanda y consumo de drogas. Entre 1979 y 2005 la prevalencia en el consumo de drogas ilícitas en el país vecino descendió entre un 43% y un 50%, el mayor descenso en la prevalencia experimentado por país alguno, pues de hecho en la mayor parte del mundo el consumo o se estabilizó o creció en el mismo período.

 

Prevalencia (% de los habitantes) en el consumo habitual de drogas ilícitas en los estados unidos [1979-2005]

FUENTES: National Institute on Drug Abuse (1979–1991), and Substance Abuse and Mental Health Services Administration (1992–2001), National Household Survey on Drug Abuse

En los últimos años pareciera haber un repunte en el consumo pero la realidad es que se mantiene estabilizado. Lo que ocurrió fue un cambio en la metodología del monitoreo que entre otras cosas da un estímulo económico a los entrevistados, lo que les lleva a ser más sinceros en sus respuestas. En otras palabras, antes el consumo era ligeramente mayor al que reportaban los estudios con la vieja metodología.

Pero lo importante a destacar es la falta de sustento empírico acerca de que el consumo está creciendo en Estados Unidos, cuando que los hechos indican exactamente lo contrario: hay una tendencia histórica a la disminución del consumo, medido en términos de prevalencia.

Y hay otras evidencias que confirman este hecho: la sobreoferta de drogas, los precios cada vez más bajos, la mayor pureza de los estupefacientes, el número relativamente menor de admisiones en los hospitales por sobredosis o por drogas adulteradas, la mayor cantidad de adictos rehabilitados.

No puede atribuirse este éxito relativo a la “guerra a las drogas”, entendida como el uso de la represión del Estado contra la oferta y la demanda de drogas proscritas, pues el fracaso es evidente: jamás, salvo por un breve período a mediados de los setenta del siglo XX, la “guerra a las drogas” ha impactado la oferta o inhibido la demanda.

El éxito relativo en Estados Unidos respecto al consumo obedece a un cambio cultural nada desdeñable. Las drogas siguieron ahí, pero ante un creciente número de personas perdieron su halo de glamour y las reconocieron como nocivas. Mucha gente dejó de usarlas. Esto inclusive es más importante que los esfuerzos - tampoco soslayables - del gobierno estadounidense por poner más énfasis en la prevención y en la rehabilitación. Y algo deberíamos aprender de todo esto.

 

El mito de los grandes capos intocados en el “imperio del mal”

El segundo mito es que Estados Unidos no actúa contra los traficantes dentro de sus fronteras y nunca captura a grandes capos, como ocurre en los países al sur del Río Bravo.

Para empezar Estados Unidos es la nación con más personas presas en el mundo, tanto en términos absolutos (más de 2 millones) como relativos (en relación al tamaño de la población), de los cuales casi medio millón están acusadas por delitos relativos a las drogas.

Esa es una faceta del asunto. La otra es que la idea de que hay grandes capos en Estados Unidos que nadie toca, como ha sido tan frecuente en México y en otras naciones del Tercer Mundo, nada tiene que ver con la realidad del país vecino. No existen tales grandes capos protegidos.

En un país con la larga tradición de libertades, democracia y medios de comunicación hiper-críticos, donde incluso hay graves violaciones a la discreción indispensable sobre temas sensibles de seguridad nacional en tiempos de guerra, ya parece que la prensa y las miles de redes alternativas de información por Internet iban a dejar pasar la oportunidad de denunciar a esos supuestos grandes capos protegidos y de vapulear a los gobernantes protectores hasta echarlos del poder ...y empujarlos a la cárcel.

Pero - como debe ser siempre - la carga de la prueba recae en quien acusa. Los que hacen acusaciones genéricas y vagas sobre protección de capos en Estados Unidos, deberían cuando menos dar nombres, como cuando la DEA se pone a presionar a gobiernos extranjeros y aporta pelos y detalles.

Lo que sí hay en Estados Unidos son vastísimas redes de traficantes pequeños y medianos, quienes recurrentemente terminan en la cárcel, para ser sustituidos por otros nuevos traficantes, pues el negocio es demasiado atractivo. La última gran red de narcotráfico desmantelada en la Unión Americana fue la Pizza Connection de la mafia de la Costa Este, a mediados de los ochenta del siglo anterior y en cuya destrucción jugo un papel clave el entonces fiscal Rudolph Giuliani (a quien sus muy ignorantes u olvidadizos críticos acusarían después de ¡no actuar contra grandes delincuentes!).

Gran parte del problema de porqué la “guerra a las drogas” en Estados Unidos no tiene mayores resultados, radica en la forma peculiar de las redes del narcotráfico, que no son centralizadas como en México u otras naciones de América Latina. De hecho Colombia, luego de derrotar a los grandes carteles y sus esquemas de corrupción, ha enfrentado una dificultad similar a la de Estados Unidos.

 

El mito de las armas que disparan solas y que nos las envía “El Gran Satán”

El tercer mito es que la gran violencia del narcotráfico es resultado de que las armas los narcos usan tienen el sello “Made in USA”. Suponiendo que las armas de veras provinieran de Estados Unidos, preguntamos: ¿acaso México carece de aduanas?, ¿por qué en el país vecino - que es entre todas las naciones la que tiene el mayor número de armas cortas y largas per capita – ocurre la mitad de homicidios que ocurren en México y por qué no vemos prolongados tiroteos perpetrados por los sicarios con gran impunidad o por qué no vemos cabezas de policías estadounidenses tiradas en las calles?

Por una sencilla razón: las armas no matan, los que matan son los hombres cuando tienen la motivación, la oportunidad y la perspectiva del bajo riesgo de ser castigados.

Por lo demás no hay arma más emblemática de los narcos que el fusil de asalto AK-47, conocido como “cuerno de chivo”, el cual no es estadounidense sino ruso y aunque ya se fabrican imitaciones por doquier, los matones prefieren los originales. Hasta hace muy pocos años el mercado negro de “cuernos de chivo” donde los narcos se abastecían tampoco era Estados Unidos, sino Centroamérica, como una secuela de las guerras civiles libradas entre 1978 y 1992.

 

El mito de que los precursores de las drogas mexicanas son “Made in Great Satan”

Se afirma que los precursores de las drogas que se consumen en Estados Unidos tienen como origen a ese propio país, particularmente por lo que hace a las meta-anfetaminas. Pero esto tampoco es cierto. El principal precursor para esas drogas, la seudoefedrina, no tiene su origen en Estados Unidos sino en China y Canadá (y otrora en Suiza y Alemania) ¿Pruebas? El mayor aseguramiento de seudoefedrina realizado por la PGR en la historia (casi 20 toneladas) era un embarque proveniente de China y producido ahí.

 

El mito que estamos haciendo nuestra parte y la “prueba” es que nos matan cada vez más policías

Pero otra faceta más de la mitología de la culpa que tienen los gringos por meterse cada vez más drogas, es su premisa de que la eficacia de la seguridad pública se mide por el número de detenciones, según el viejo y fracasado paradigma reactivo y no por el número de delitos que se evitan, como debe ser. Tampoco es admisible medir el esfuerzo por cuantos policías son asesinados.

 

Porcentaje de la cocaína consumida en estados unidos que pasó por territorio mexicano

FUENTES: DEA, Drug Availability Steering Committee; International Narcotics Control Strategy Report 2005, State Department; National Drug Intelligence Center, National Drug Threat Assessment 20065, April 2006

Algunos creemos que la “guerra a las drogas” es errónea y no se ganará, porque se olvida que el narcotráfico, a diferencia de los delitos del fuero común, cuenta con la complicidad de las presuntas víctimas (los adictos). Pero incluso nosotros podemos entender que si se porfía en esa guerra,  cuando menos para medir el grado de avance- habría que usar métodos idóneos de medición del esfuerzo y no el engaño y la propaganda. Si lo que se pretende es que mediante la represión la oferta se reduzca y se desplome el consumo, entonces hay que medir si la producción y el trasiego bajan o no y si hay el efecto esperado.

Mientras que en 1997 el 55% de toda la cocaína consumida en Estados Unidos había pasado por territorio mexicano, para 2005 ya se había elevado al 90%.

 

Producción de opio en México (en toneladas métricas) entre 1980 y 2005)

FUENTES: United Nations Office on Drugs and Crime, World Drug Report y Global Ilicit Drug Trends, 1997 a 2006; Ruiz-Cabañas, Miguel, La campaña permanente de México: costos, beneficios y consecuencias, en: Smith, Peter H., El combate a las drogas en América, 1992, México, Fondo de Cultura Económica.

En México, la producción de heroína en 2005 fue 229% mayor que la habida en 1999. Consecuentemente el precio de esta droga era 70% más baja en 2005 que en 1990.

En Estados Unidos el consumo es menor que hace un cuarto de siglo, aunque no por efectos de la represión, a pesar de que ese es el país que mayores aseguramientos hace ni por lo que hace México. Por eso cuando los representantes de México reclaman reciprocidad a Estados Unidos, no tienen bases, simplemente porque los datos empíricos revelan que lejos de disminuir la producción y la exportación de drogas en México, ésta va en aumento (ahora cada vez más con destino a Europa), por más que grandes capos sean detenidos (mientras que sus competidores, por cierto, siguen intocados) o por que muchos plantíos de mariguana o amapola se erradiquen.

¿Vamos a culpar también al “Gran Satán” del crecimiento del consumo interno?

Nuestra mayor desgracia y fracaso no es no honramos nuestros compromisos con la comunidad internacional, sino que hemos sido absolutamente incapaces de impedir el crecimiento explosivo del consumo interno, una de las causas principales de la ola de inusitada violencia asociada al narcotráfico en tiempos recientes.

El gobierno de Fox le apostó en este tema a la saliva y a la simulación. No hizo nada para reducir el número de puntos de venta de drogas y en cambio su Torquemada predilecto, Julio Frenk, ordenó encuestas para aparentar que el consumo de drogas iba en descenso ¿Se quiere seguir por ese camino?

Y de este crecimiento del consumo interno ¿a quien vamos a culpar?, ¿a Estados Unidos?, ¿acaso las drogas provienen de ese país?, ¿acaso las narco-tienditas son operadas por gringos o protegidas por la DEA o el FBI?

Va creciendo una corriente de opinión en México, en Estados Unidos y en el resto del mundo en favor de poner fin a la “guerra a las drogas” y enfrentar las adicciones no como un problema de seguridad pública, sino de salud pública. La legalización, como ocurrió en Estados Unidos con el alcohol, resolvería el problema de la corrupción, la violencia del narcotráfico o el envenenamiento de los adictos con falsificaciones, si bien se mantendría el problema de salud pública. Unos pocos creemos que hay alternativas a la mera despenalización y avanzar en resolver el problema de salud pública.

Por ahora los partidarios de estas alternativas somos minoría. Pero lo que todos sí podemos exigir a los conciudadanos que contratamos para gobernarnos y hacer cumplir las leyes, es que  - ya que porfían en la “guerra a las drogas” - cuando menos usen métodos idóneos de medición del esfuerzo y no se auto-engañen con auto-alabanzas y estadística fuera de contexto, dejen de culpar a otros de nuestros defectos, dejen de aplicar las mismas recetas esperando resultados distintos y dejen de inventar excusas para el fracaso, cuando este nuevo round apenas empieza....

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