Por casi una década consecutiva, las respuestas a una encuesta anual de ciudadanos de Latinoamérica y El Caribe manifiestan de manera consistente que se sienten menos seguros que sus homólogos de cualquier otra región del mundo, lo que pone de relieve la complejidad de la situación de seguridad en la región y los desafíos que enfrenta en sus intentos por mejorarla.

El informe Ley y orden globales 2018 (2018 Global Law and Order), de la firma de encuestas Gallup, halló que los encuestados de Latinoamérica y El Caribe eran el grupo que menos probabilidades tenía, entre todo el mundo, de sentirse seguros en sus comunidades.

Según el informe, la calificación de 62 dada a la región en el “índice de ley y orden” fue el más bajo del mundo, y que empeoró con el puntaje de la región el año anterior. Cinco de los diez países donde menos se esperaba que los residentes se sintieran seguros fue en Latinoamérica y El Caribe.

No sorprendió que Venezuela se situara una vez más como el país menos seguro del mundo, empatado con Afganistán, que se encuentra en guerra. En una investigación reciente, InSight Crime afirmó que el país andino podría considerarse un “estado mafioso”, a juzgar por el crecimiento exponencial del crimen organizado allí.

México y República Dominicana se contaron también entre los países menos seguros del mundo. Ningún país de Latinoamérica y el Caribe se situó entre los 50 países más seguros del mundo, según el informe.

Más aún, el informe halló también que solo el 42 por ciento de los encuestados en Latinoamérica y el Caribe confía en sus organismos de policía locales, lo que representa el nivel más bajo de una región en el mundo. Los venezolanos y mexicanos fueron quienes menos sentían confianza en sus cuerpos de policía.

Sin embargo, algunos países de la región exhibieron mejoras respecto a la clasificación del año anterior. Por ejemplo, el informe halló que el puntaje de 67, en El Salvador, suponía una “mejora marcada” en relación con el último año y que una tasa de homicidios a la baja en los últimos años refleja “la mejora gradual de la situación de seguridad” en el país.

El informe se basó en las respuestas de alrededor de 1,000 personas adultas residentes en más de 140 países ante preguntas sobre su grado de confianza en su policía local y si se sentían o no seguros al caminar por la ciudad, entre otros.

Medir la inseguridad es con frecuencia un proceso complejo, pero las respuestas dadas por los encuestados a preguntas básicas sobre percepciones de seguridad ofrecieron un barómetro sencillo de las condiciones de seguridad, que dice mucho sobre la complejidad de la situación de seguridad general en la región.

Parece que ha habido un avance en algunos países claves en los últimos años. En 2016, Colombia firmó un acuerdo de paz que formalmente ponía fin a un conflicto interno que se había extendido por décadas. Y las tasas de homicidios en dos de los países más convulsionados por la violencia en la región —Honduras y El Salvador— muestran una tendencia a la baja.

Pero en general, los residentes de Latinoamérica y El Caribe siguen expresando de manera consistente la sensación de tener menos seguridad que sus contrapartes de otros países, lo que indica que en muchos casos problemas de fondo que fomentan la inseguridad siguen sin resolver.

Por ejemplo, el descenso en la tasa de homicidios en El Salvador puede ser resultado más bien de una mayor sofisticación de las pandillas del país y de ajustes en sus actividades criminales, como respuesta a las medidas extraordinarias contra las pandillas implementadas por el gobierno en los últimos años. Es posible que estos y otros factores —incluyendo tácticas policiales abusivas y el vigilantismo— estén contribuyendo a la inseguridad y a la baja calificación del país en términos de ley y orden aun cuando exhiba reducciones en su tasa de homicidios.

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