El asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en una balacera en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara, México, el 24 de Mayo de 1993, es una acontecimiento íntimamente vinculado a la historia de El Chapo Guzmán.

A partir de la muerte de Posadas Ocampo El Chapo pasó de operar como un narcotraficante de bajo perfil, a convertirse en el hombre más buscado de México.

Pero el magnicidio no sólo cambió la vida del Capo de Sinaloa. También afectó la vida de mucha gente que todavía, 20 años después, sufre las consecuencias.

Hace dos décadas, cuando una conmocionada Guadalajara velaba el cuerpo del Cardenal asesinado a plena luz del día en medio de un enfrentamiento entre bandas rivales, las expresiones de protesta se hicieron notar con fuerza.

Los asistentes clamaron “justicia”, a gritos, cuando el entonces presidente mexicano, Carlos Salinas de Gortari, llegó a las exequias en la catedral de Guadalajara.

Otra que pedía justicia en la intimidad de su casa era Angelina de Pérez, viuda de Pedro Pérez Hernández, chofer del prelado católico que resultó también asesinado en la misma balacera.

“Yo lo único que le pedí: Padre mío, si tu permitiste que pasaste esto, dame suficiente fuerza para salir adelante con mis hijos”, le dijo Angelina a Univisión en una entrevista poco después del asesinato.

Cambio de vida

El asesinato del cardenal le cambió a Angelina su vida para siempre. Casi una década le tomó superar el impacto del asesinato de su esposo, el chofer del cardenal, a manos de sicarios del narcotráfico.

Por decisión propia, Angelina nunca habla del crimen con sus hijos. Entre los factores que la ayudaron a superar la tragedia: las fotografías familiares.

Angelina no pierde la esperanza de que se haga justicia algún día, pero muestra su resignación. “Quisiera que se esclareciera, pero temo porque mis hijos vayan a tener un odio. Como yo les he dicho: ¿qué ganamos con eso?”

Angelina no es la única que ha vivido un purgatorio tras el asesinato del Cardenal.

Hace 20 años varios policías hablaron desde el penal de Puente Grande para denunciar que habían sido encarcelados injustamente y vinculados con El Chapo Guzmán en el enfrentamiento en el Aeropuerto de Guadalajara.

“La pregunta que me hago: ¿quién? ¿Por qué? ¿Por qué estoy aquí?, y ¿quién ordenó que estuviéramos aquí?”, se preguntó uno de ellos que pidió el anonimato por temor a represalias.

Otro policía, desde la sombra, se quejó de una acusación que en su criterio no tenía fundamento.

¿Cómo es posible que dicen que soy gente de El Chapo y no tengo ni ropa aquí? Yo no tengo que ver nada en la muerte del cardenal”, aseguró.

Un año después de las declaraciones, los policías quedaron en libertad.

A pedido del Papa

Para el Cardenal Juan Sandoval, que sucedió a Posadas Ocampo, el magnicidio fue uno de los mayores retos de su vida religiosa tras recibir del propio papa Juan Pablo II la orden de investigar el caso hasta las últimas consecuencias.

“Cuando estábamos en el momento más difícil, yo le dije al papa Juan Pablo: ‘Oiga, estoy en esto’. Sí, me dice, hay que investigarlo”, dijo Sandoval.

El Clero mexicano siempre rechazó la tesis del gobierno mexicano según la cual al Cardenal y al chofer los confundieron con El Chapo Guzmán y su ayudante.

El Cardenal Posadas era “un hombre grandote muy característico con un mozalbete”, en contraste El Chapo era de baja estatura y con menos edad. ¿Cómo lo iban a confundir? El Cardenal tenía 68 años, no era posible”.

Ni El Chapo Guzmán ni los Hermanos Arellano Félix fueron condenados por la muerte del Cardenal Posadas, únicamente por el enfrentamiento en el Aeropuerto de Guadalajara. Dos décadas después, no hay un solo sentenciado por aquel crimen.

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