Cada vez es más penoso tratar de plasmar en un papel instantes de la vida después de la injusta desaparición de un hijo. Jamás imaginamos llegar al noveno aniversario de su secuestro y desaparición, sin saber su paradero, “ni vivo, ni muerto”.

El 25 de Enero quedó “tatuado” en nuestro cerebro operándose de inmediato un cambio drástico en el estilo de vida de una familia común y corriente, hecha a través de la cultura del trabajo, valores que se inculcaron a los hijos.

Estos 3,285 días transitados por caminos sinuosos y llenos de obstáculos han sido muy dificultosos, no sería posible andarlos sin el acompañamiento y seguimiento de tantas personas generosas que han salido a nuestro encuentro para extender brazos y despejar caminos, gracias a todas y a cada una de ellas que aun ahora no nos dejan solos, dándonos la fortaleza necesaria para seguir.

Hemos sufrido la ausencia de Toño sus padres y hermana. Tambien su novia, la última persona que oyó su voz a través del teléfono, la que nos dio la certeza del día, hora y lugar de la sustracción, con quien nuestro hijo proyectaba una vida en común, a la que veía como a la madre de sus hijos, nietos que nunca veremos; hijos y nietos que se quedaron como un mero proyecto de vida de él y de nosotros. Al llevárselo, nos llevaron con él, a todos.

El desamparo, la indefensión y el caos mental que se vive en el núcleo familiar que busca a un ser querido conlleva mucho deterioro físico, emocional, cognitivo, económico, etc. La incertidumbre que nos carcome nos hace más vulnerables, corriendo riesgos a veces extremos, con el único fin de buscar a los nuestros en todas las trincheras posibles, al final insuficientes, porque seguimos sin ellos.

Incomprendidos ante quienes no han pasado por algo parecido, el desinterés, la indiferencia y criminalización a las víctimas y sus familias, hacen que el Estado día a día vuelva a desaparecer a nuestros desaparecidos, nos hace desaparecer a nosotros, familias que incansablemente los buscan. No permitamos que la indiferencia cunda entre nuestra sociedad ante un flagelo imposible de ocultar en los ámbitos municipales, estatales y federales; la indudable colusión entre grupos delincuenciales “de poder y dinero” demostrando la visible impunidad entre funcionarios públicos, empresarios y juzgadores.

Aquellos que se niegan a admitir la barbarie de la desaparición forzada de personas en nuestro país; aquellos que mienten acerca de las cifras del número de desaparecidos llamándoles “no localizados”; aquellos que no cumplen con las “recomendaciones” de organismos internacionales de derechos humanos con los que el Estado ha firmado compromisos; aquellos empresarios que permiten la entrada al crimen organizado para lavar activos dentro de sus proyectos obteniendo jugosas ganancias por ello; los que se ocultan detrás de un poder judicial para dar libertad a perpetradores causantes de las atrocidades más viles……..todos esos son peligro para la sociedad.

Anhelamos seguir creyendo en las instituciones, en las leyes, en los buenos oficios de los funcionarios públicos, en las mejores prácticas en el manejo de esas leyes pero por desgracia, el tiempo nos ha demostrado que las leyes se “brincan” o se “atajan” para llegar a un objetivo determinado, NO a un bien común. Aun así, ante la desaparición de una persona hay que denunciar para que quede registro, para que no se abulte la cifra negra. El dato de 32,277 personas desaparecidas lo han arrojado las averiguaciones previas en los fueros comunes y federales.

Asimismo, aconsejamos coadyuvar en la investigación y, si hay detenidos, involucrarse en el proceso penal.

Quien más sabe del caso somos nosotros. Que no nos desaparezcan también.

“Volví a sentir unas inmensas ganas de vivir cuando descubrí que el sentido de mi vida era, el que yo le quisiera dar”. Paulo Coelho.

José Antonio Robledo Chavarría.- Padre
María Guadalupe Fernández Martínez.-Madre
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