Cuando los “expertos” de la CIDH dijeron que disponían de fotos satelitales de la NASA que se demostraban que entre el 26 y 27 de septiembre de 2014 no hubo “incendio” en Cocula, mintieron. Las fotos, que no han mostrado por cierto, lo único que demuestran es lo que ya se sabía: que había cielo nublado y por tanto no había forma de ver lo que había debajo de las nubes.

Cuando además estos “expertos” aseguraron que según investigadores de la UNAM y otras instituciones llovió esos días en Cocula, lo que había impedido la incineración de los cadáveres de los normalistas desaparecidos y ejecutados, volvieron a mentir: llovió en Iguala, no en Cocula.

Estas nuevas mentiras de los “expertos” fueron una reacción ante el desmentido que verdaderos expertos de prestigio universal a la versión falaz de su asesor José Torero, quien aseguró que la incineración había sido imposible en Cocula.

Pero también fue una respuesta a las revelaciones que hemos hecho sobre el sucio pasado de los “expertos”, en particular de Claudia Paz y Paz y Angela María Buitrago.

Lo que a los “expertos” exaspera es que al gobierno mexicano ya no lo tienen contra las cuerdas como a inicios de septiembre de 2015 y ya no le pueden imponer la falsificación de la masacre de Iguala, la pretensión de culpar a inocentes (los militares) y exonerar a los culpables: desde José Luis Abarca hasta los líderes del ERPI quienes aliados con los narcos Los Rojos enviaron a normalistas a Iguala para ser masacrados.

Si todavía hay alguien en el gobierno del Presidente Peña que creía que los “expertos” vinieron a ayudar a esclarecer los hechos, ya no puede porfiar en su candidez.

Hay que pasar a la plena ofensiva, hay que llevar la investigación a donde la PGR desde el principio intuía estaba la verdad y las tonterías políticamente correctas (“no criminalizar a las víctimas”) lo impidieron: a quienes precisamente provocaron la masacre, a los narco-terroristas y sus socios narcos. Hay que investigar el papel de Omar Vázquez, vocero de Ayotzinapa, cuyo hermano era de Los Rojos y por eso fue asesinado.

Ante las enormes presiones que ha soportado el gobierno mexicano para torcer la verdad de la masacre de Iguala, la mejor defensa es la verdad misma.

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