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En un hecho sin precedentes, el 17 de abril el Secretario de la Defensa, General Salvador Cienfuegos Zepeda, pidió disculpas por la participación de dos elementos del Ejército Mexicano (junto con agentes de la Policía Federal) en la tortura de una mujer que fue detenida en febrero de 2015 municipio de Ajuchitlán del Progreso, Guerrero.

Si Ángela Buitrago como fiscal en Colombia mantuvo 8 años y medio en la cárcel a un hombre inocente, el coronel Luis Alfonso Plazas, con base en pruebas que ella misma falsificó y si Claudia Paz y Paz cuando fue Fiscal General de Guatemala encubrió la corrupción del ex presidente (hoy preso) Otto Pérez Molina, protegió a grupos violentos y desató una persecución contra la fiscal Gilda Aguilar por precisamente querer aplicar la ley a esos delincuentes, Carlos Beristain, otro de los “expertos” que la CIDH envió a México con relación al caso de la masacre de Iguala, es un hampón de muy altos vuelos.

Las expectativas eran altas en vísperas de que el presidente Enrique Peña Nieto enviara al Senado las ternas para cubrir dos vacantes en la Suprema Corte de Justicia. Pero todo se derrumbó cuando las propuestas presidenciales fueron de bajo perfil. Se agravó hasta la indignación cuando propuso una terna de mujeres con dos de ellas ignorantes e incompetentes, un insulto para el género –que tiene mujeres altamente calificadas para el cargo– y para los mexicanos.

Fue claro el desprecio para con la Corte, que resalta la indolencia presidencial. Una vez más, delegar decisiones cruciales para el país lo colocaron como si fuera enemigo de la mayoría de los mexicanos. Otra vez, la cúpula en el poder que lo tiene cercado lo volvió a lastimar.

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