En diciembre de 1993 pocos sabían las características y alcance que tendría la sublevación en Chiapas, lanzada el 1 de enero de 1994 por el EZLN. Entre quienes conocían esos detalles no estaba el CISEN, por supuesto. Tampoco en junio de 2006 el CISEN sabía del motín que en Oaxaca estaban preparando el EPR y sus amigos y que se desarrolló por casi 6 meses.

Ahora en Guerrero la situación es muy distinta. La rebelión armada por los grupos terroristas a través de las “policías” comunitarias y los grupos de autodefensa, transcurre ante los ojos de todos. Incluso los llamados a la rebelión son abiertos.

El 12 de abril a Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias de la Montaña y la Costa Chica de Guerrero-Comité Ejecutivo de la Policía Comunitaria (CRAC-PC) anunció su incorporación al Movimiento Popular de Guerrerense de los “maestros” y llamó a una lucha generalizada contra el gobierno.

Los actos desafiantes de este movimiento subversivo se han sucedido con rapidez: marchas de sus milicias en las calles y carreteras, a unos metros de los soldados de ejército mexicano; portación de armas de uso exclusivo de las fuerzas armadas; propagación de estos grupos paramilitares ilegales en un gran número de municipios, con el evidente propósito de tomar el control de la totalidad del territorio de Guerrero en unos pocos meses más.

Este movimiento viola la Constitución de México. El artículo 9 establece: “Ninguna reunión armada, tiene derecho de deliberar”. El artículo 21, en su párrafo octavo, dispone que la policía se regirá por el principio de “profesionalismo”. Los grupos paramilitares de Guerrero no son profesionales. Toda policía profesional es apolítica por definición y no anda haciendo llamados a la rebelión.

El gobierno del presidente Enrique Peña parece paralizado por el temor a los costos políticos de actuar ahora, cuando que estos costos serán mucho mayores en unas semanas, en unos meses más.

Desde 1994 la seguridad nacional no ha tenido un desafío tan severo. La combinación de narco-violencia y subversión es un coctel explosivo. Se tiene que actuar ¡ya!, con astucia y cautela, pero con determinación. El tiempo se acabó. De ello depende la viabilidad de la administración y del país.

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